Día 13º: 12 Ago: Sète, Marseillan plage.

RUTA DEL DIA:

Marseillan – Sète: 31,8 kms.

Sète – Marseillan: 31,8 kms.

Marseillan – Marseillan plage: 6,3 kms.

Marseillan plage – Marseillan: 6,3 kms.    TOTAL: 76,2 KMS.

Amaneció un día agradable y soleado, menos caluroso que los anteriores. Despues del desayuno en el apartamento, bajamos al pueblo para buscar un super para avituallarnos para los próximos días. Aprovechamos también para dar un pequeño paseo por el pueblo de Marseillan, que no tiene mucho que ver.

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Marseillan se fundó en el siglo V se sitúa a las orillas de una especie de mar interior que se llama  Étang de Thau. Esta laguna queda conectada con el mar Mediterraneo por Marseillan, al oeste y por Sète, al este. Tiene una dimensión de unos 75 km2 y una profundidad media de 5 m. La principal actividad comercial d eesta laguna es la producción de ostras y mejillones con cerca de 600 establecimientos conchícolas intalados en sus aguas.

Esta laguna costera se encuentra separada del mar y el golfo de Leon por una barrera de arena costera que enlaza el volcan de Agde y la colina de Séte.

En este entorno, por tanto, se situa Marseillan, que ha dedicado su actividad a la produccion conchícola y a la viticultura, con la produccion de buenos vinos blancos, tintos y rosados desde tiempos pretéritos.

 

El corazón de la localidad se encuentra entorno de la Place Carnot, en cuyo centro se encuentra la antigua lonja cubierta, del siglo XVII, y estilo veneciano. Está construida con la caracteristica piedra basáltica, proveniente del volcan de Agde. Este material constructivo se repite en otros edificios de la población.

 

A pocos pasos y atravesando alguna pintoresca callejuela se encuentra la Iglesia de Saint Jean Baptiste, del siglo XVII y reconstruida en 1840. Ya pudimos comprobar anoche, como se ilumina el enrejado de forja que rodea la campana que culmina su torre, lo que convierte la torre en una especie de faro, que puede verse desde larga distancia.

 

Por otra parte, Marseillan es uno de los pueblos que se vertebran a través del Canal du Midi, o Canal del Mediodía. En un primer momento se le llamó Canal Royal, pero tras la Revolución Francesa se el cambió el nombre por el actual. Esta faraónica obra se realizó entre 1660 y 1681, por deseo de Luis XIV, con la idea de comunicar la ciudad de Toulouse con el mar Mediterraneo. Posteriormente, se construyó el Canal de Garona, entre 1838 y 1856, que uniría la misma ciudad de Toulouse con Burdeos. De esta forma se conseguiría comunicar por el interior las dos costas del sur del país.

 

El Canal du Midi se construyó bajo la supervisión del ingeniero Pierre-Paul Riquet. Tiene desde su inicio en Toulouse hasta la desembocadura en Sète una longitud de 241 kms. Fue considerada la obra más importante del siglo XVII. Su profundidad media es de 2m y presenta un ancho medio de 20 m en la superficie y 11m en el fondo. Hay 328 accidentes geograficos que salvar en su recorrido mediante diversos puentes, esclusas y presas.

Lógicamente, estas infraestructuras fueron perdiendo su sentido comercial, con la creación del ferrocarril. Asi, hoy en dia, el canal del Mediodía se utiliza para el turismo, el ocio e incluso como vivienda, registrando la quinta parte del turismo fluvial del pais. Desde 1996 el Canal du Midi está considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

 

El Canal du Midi, termina en Sète. Y a esta localidad es a la que nos dirigimos ahora. Es origen de Sète se remonta a 1666, cuando Luis XIV decidió que el Canal du Midi debia terminar a los pies del Monte Saint Clair, tras atravesar las mansas aguas del Etang de Thau. en torno a este monte fue creciendo esta ciudad, siendo sus primeros habitantes pescadores italianos atraidos por la buena pesca de la zona.

 

Sète es hoy en día un importante puerto pesquero como atestiguan su gran lonja del pescado y los enormes atuneros que descansan en el Canal Royal tras regresar cada tarde de faenar. Gracias a ello, en Sète podemos encontrar un magnífico mercado y numerosos restaurantes que ofrecen una excelente selección pescados y mariscos frescos. Precisamente esto es lo que nos trajo hasta aquí.

 

El mejor sitio para degustar estos productos es Les Halles de Sète, el mercado central de la población. La idea era comprar pescado para prepararnos una rica cena intima en nuestro apartamento esta noche, y comer en alguno de los puestos de comida que hay en el mismo mercado.

 

Desafortunadamente, era lunes y este no suele ser el mejor día para comprar pescado fresco en un mercado, porque durante el fin de semana no se faena en el mar. En cualquier caso, compramos unas colas de rape y unos enormes gambones, que tenían una pinta impresionante. Para acompañar compramos verduras para una buena ensalada.

 

Y tras la compra, el almuerzo. Hay un puesto de comidas, donde te preparan en el momento lo que desees. Se compra al peso o por unidades y la verdad es que es posible darse un buen festín a un precio muy razonable.El sistema se hace el pedido, se paga y te dan un ticket con un número. Luego buscas una mesa para sentarte y los camareros te llevan la comida cuando esté preparada. La bebida se pide en otro local solo de bebidas.

 

Escogimos un surtido de delicias consistentes en ostras, navajas, unos buñuelos de mejillones y una Tielle de Sète, que son unas empanadas redondas de pulpo cocinado con especias. Todo ello lo regamos con una copa de vino blanco de la región. Ni que decir tiene, que todo estaba delicioso.

 

Despues de comer dimos un pequeño paseo a lo largo del pintoresco Canal de Sète. Pudimos ver una tribuna en una de las orillas y unas curiosas embbarcaciones con vivos colores. Esto corresponde a las Joutes que se celebran en el canal desde los origenes de la ciudad. Son unos llamativos y multitudinarios duelos entre los barcos y que se tienen lugar en verano. Rojos contra azules, vecinos de Sète contra los de la cercana Agde, solteros contra casados… Los bandos han cambiado a lo largo de los siglos, no así el ambiente competitivo y festivo. Habría sido bonito verlo.

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Regresamos al coche, que dejamos en un parking subterráneo que hay en el canal, para volver a Marseillan a dejar la compra en el nevera del apartamento y tras ello, sin más dilación nos fuimos a la playa, a Marseillan Plage. Estas playas se situan en la franja de arena que separa el Etang de Thau del Mar Mediterráneo. Esta a solo unos 6 kms de nuestro apartamento, con lo que de no ser por el intenso tráfico que había, habríamos llegado en unos pocos minutos.

Marseillan plage es un resort turistico con diversos campings y viviendas turísticas que se alinea a lo largo de una costa de unos dos kilometros de longitud delimitadas por el canal Pisse Saumes y la localidad turistica de Cap D’Agde.

 

Nos dirigimos a la parte más occidental de la playa. Para ello hay que tomar la Avenue des  Campings, hasta el Les Méditerranées – Camping Beach Garden. Justo antes de llegar al final de esta avenida, hay una calle de tierra que lleva hasta la playa y se llama Chemin du Littoral. Tuvimos la suerte de encontrar un aparcamiento al final de esta calle, muy cerca de la playa. Ventajas de tener un coche pequeño.

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Nuestra idea era llegar caminando por la playa hasta la playa de la Village Naturiste de Cap d’Agde, que pretendíamos visitar al día siguiente. Ambas playas estan separadas por unas marismas que conforman la Reserve Naturelle de Bagnas.  Se trata de un espacio protegido al anidar en el mismo, diversas aves migratorias.

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Noy hay que caminar mucho para llegar a la playa naturista de Cap D’Agde, apenas unos 500 metros. Un cartel nos indica el inicio de la playa, advirtiendo de que se trata de una playa nudista. Estas playas conforman un impresionantes arenal de unos 5 kms de longitud, con una extraordinariamente fian arena dorada y unas increibles aguas turquesas. Son aguas con poca profundidad. Hay que caminar bastante para que el agua te cubra. Y la temperatura del agua era muy agradable.

 

Caminando en dirección hacia la Village Naturiste, veíamos en la distancia, en el agua, algo no muy facil de apreciar. En un principio pensamos que pudiera ser alguna especie de vallado de juncos para separar la parte textil de la nudista. Conforme nos ibamos acercando nos dimos cuenta de que era gente de pie en el agua, que apenas les cubría hasta las espinillas. La gente se reunía en corrillos. Se pudiera pensar que ello se debiera a algún accidentado, o un delfin varado, o cualquier cosa asi. Pero es que se veian varios corrillos a lo largo de la playa.

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El caso es que plantamos nuestra sombrilla a una cierta distancia de esos extraños corrillos. Dejamos nuestras cosas y llenos de curiosidad nos dirigimos hacia el lugar, que ya estaría a unos 100 metros de nuestra sombrilla. Cual sería nuestra sorpresa que los citados corrillos se formaban en torno a parejas o grupos de personas que en la misma orilla estaban dando rienda suelta a sus instintos sexuales, sin el más mínimo pudor. En torno a ellos, se agrupaban un buen número de mirones para ver el espectáculo. Ahora entiendo que el origen de la palabra voyeur sea francés.

Cuando éste se terminabaa, se deshacía el corrillo, y si se formaba otro corrillo en otra parte, deducimos que era porque comenzaba otro nuevo espéctaculo. Esta zona de la playa se la conoce jocosamente como La Baie des Cochons, La Bahía de los cochinos. Y ya sabemos porqué.

En fin, una vez satisfecha nuestra curiosidad, y tremendamente soprendidos y hasta un poco escandalizados, regresamos a donde plantamos nuestra sombrilla para disfrutar de la playa a nuestro modo. En estas playas el viento puede llegar a soplar bastante fuerte, y fruto de ello nuestra sombrilla salió volando mientras paseabamos. Por suerte un amable vecino de sombrilla la recogió y dejó depositada junto a nuestras pertenencias. Sirva este comentario para que lo tengais en cuenta.

La playa estaba bastante concurrida, pero como ocurrió en las otras playas en las que habíamos estado en días anteriores, comenzó a quedarse vacía a partir de las seis de la tarde. En la zona de los espectáculos erótico-festivos, conforme avanzaba la tarde y ya no era tan agradable tener el cuerpo en remojo en el agua, se veia un progresivo trasiego hacia la arena. Se formaban corrillos en torno a algún equipo de musica que alguien llevaba consigo y la gente se ponia bailar. Otros se dirigian a las dunas que hay mas atras, donde se vislumbraba un continuo movimiento de gente que iba y venia. Ya nos imaginamos para qué.

Cuando el sol empezaba a ocultarse, recogimos bártulos y volvimos al coche para regresar al apartamento a disfrutar de la maginifica cena para dos, que nos ibamos a preparar.

 

La magnífica cena a base de gambones y cola de rape a la plancha, con la ensalada, fue el colofón perfecto del día. Mañana iremos a visitar la Village Naturiste du Cap D’Agde. Después de lo visto hoy, teníamos gran curiosidad en ver que es lo que se cuece allí dentro.

 

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