Día 3º: 2 Ago: Las Calanques – Pont du Gard – Uzés.

 

 

RUTA DEL DÍA:

Marsella – Cassis: 55 kms.

Cassis – Pont du Gard: 160 kms.

Pont du Gard – Uzés: 13,9 kms.    TOTAL: 228,9 KMS.

Tercer día del viaje. Después de desayunar, dejamos el Hotel Ibis. Nos dirigimos hacia el Vieux Port, para tomar el metro en dirección a la Gare Saint Charles, y desde allí coger el bus hasta el Aeropuerto de Marsella. La razón de ello, fue que allí en el aeropuerto debíamos recoger el coche alquilado que nos iba a acompañar el resto de nuestro viaje.

El coche alquilado de la compañía Goldcar, era un Fiat 500, y el precio para 16 días fue de 459,75 €, a lo que había que añadir 428,90 € si queríamos que el coche tuviera seguro a todo riesgo en nuestro viaje.

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Tras este trámite nos pusimos en camino. El primer destino del día era visitar el Parque Natural de las Calanques. Las Calanques son una especie de rías o fiordos pequeños. El mar ha creado estas hendiduras en el macizo granítico o calcáreo aprovechándose de las fallas y las grietas de la roca. El clima rudo de la región con periodos secos y calurosos y otros de lluvias torrenciales ha provocado la erosión que ha tallado con dureza el paisaje, árido y pedregoso, duro pero inmensamente bello. Esto unido al intenso color azul del mar y del cielo hacen de este lugar un entorno de impresionante belleza.

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Para llegar a las Calanques hay que llegar a la localidad de Cassis, donde se encuentra el principal acceso a este Parque Natural. Se encuentra ubicada en una pequeña bahía que antaño fue refugio de contrabandistas y bandidos. Tiene un coqueto puerto alrededor del cual, se alinean bellas casas de bellos colores pastel.

 

Es uno de los destinos turísticos preferidos de los marselleses. La ciudad ha ido creciendo sobre el macizo calcáreo que la rodea.

Las Calanques se pueden visitar por tierra a través de unos senderos marcados o por mar mediante unos barquitos que te dan un paseo por las distintas calas (o calanques) o alquilando unos canoas.

Desde Cassis se pueden alcanzar caminando, más o menos fácilmente tres Calanques. La primera a la que se llega caminando pocos pasos desde un parking habilitado, se llama Port Miou. La más extensa de las tres se viene utilizando como puerto natural, tiene 1,5 kms de largo. Desde el centro de Cassis está a unos 30 minutos caminando. Esta calanque tiene prohibido el baño al utilizarse como puerto deportivo.

 

Desde aquí parte la ruta senderista hasta las otras dos calanques que son la de Port-Pin, que se llama así por estar rodeada de pinos, aquí si es posible el baño. La distancia es de 2 kms desde Port Miou, y se tarda unos 30 minutos en llegar.

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La siguiente es la Calanque d’En Vau. El sendero para llegar a esta calanque se hace cada vez más abrupto y empinado y se tarda en llegar unas dos horas desde Port Miou. Esta dicen que es la calanque mas bella de todas con la playa de arena fina y blanca.

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Por desgracia, no pudimos hacer el sendero, como era nuestra intención, ya que estaba cerrado el acceso debido al riesgo de incendio por las elevadas temperaturas. Así tuvimos que elegir la opción del paseo en barco, que es muy bonito, pero no tendríamos la opción de bañarnos en estas impresionantes playas de aguas cristalinas.

Así que nos dirigimos al puerto de Cassis para adquirir los tickets para una excursión en barco. Dejamos el coche en un parking cubierto que hay cerca del puerto en la Avenue de la Viguerie, pues intentar aparcar en la calle en Cassis en agosto es imposible. En el mismo, parking nos cambiamos y pusimos los trajes de baño.

Hay diferentes excursiones, dependiendo de su duración. Nosotros escogimos la excursión de 45 minutos que nos llevaba hasta las tres calanques antes descritas. El precio 16 € cada uno, en un barquito de 12 plazas. Todas las excursiones parten del puerto de Cassis.

Antes, utilizando, por primera vez en el viaje, la nevera de playa que traíamos desde Sevilla, fuimos a un supermercado para comprar agua, bebidas refrescantes e hielo, para el picnic del almuerzo. Para la comida ya íbamos preparados con el pan que habíamos afanado en el buffet del Hotel, y el jamón ibérico que trajimos, en blisters,  desde casa.

La excursión fue muy agradable, el barco sale del puerto y recorre las costa de Cassis, penetrando en cada una de las tres calanques más conocidas: Port Miou, Port Pin y D’en Vau.

El piloto del barco, sirve de guía y va explicando, en francés, lo que vamos viendo. A los que no hablamos francés se nos suministra una hojita, en nuestro idioma, donde recibimos las mismas explicaciones.

En la ruta vamos viendo los rocosos acantilados con los pinos desafiando la gravedad colgados de las rocas. Pasamos también junto a todo tipo de embarcaciones que realizan los mismos recorridos que nosotros.

Sin lugar a dudas la calanque más impresionante de la D’en Vau, donde asombran la altura de los acantilados que la rodean y el agua absolutamente, calma y cristalina. Una pena no haber podido bañarnos aqui, pues la experiencia debía de ser única.

El regreso a Cassis, se realiza pasando cerca de la imponente roca rojiza de Cap Canaille, que conforma el acantilado más alto de Europa. Unos acantilados que gustaba de pintar durante sus estancias de descanso en Cassis, el que fuera primer ministro britanico Sir Winston Churchill.

Llegados al puerto, desembarcamos y nos acercamos a la Plage de la Grande Mer, donde almorzamos con nuestro pícnic, y nos dimos un buen baño en sus aguas, que por cierto estaban heladas. Es una playa de gravilla, aguas tranquilas, y bastante concurrida.

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Después de descansar un rato en la playa, pasadas las cuatro de la tarde dejamos Cassis para dirigirnos hacia uno de los destinos turísticos más importantes de Francia, el Pont du Gard.

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Se encuentra a unos 160 kms. de Cassis, unas dos horas de viaje, hacia el interior de la Provenza. Este maravilloso puente romano se construyó en el siglo I d.C, con la idea de garantizar el abastecimiento de agua a la ciudad de Nimes, que se encuentra a unos 15 kms. Se trataba de llevar el agua desde el río Eure a los pies de la ciudad de Uzès. Para ello fue necesario construir un canal de más de 50 kms. de longitud, teniendo que salvar un desnivel de 17 mts.

Para salvar el desnivel del valle del río Gardon, fue necesaria la construcción  de este acueducto de 49 arcos, 275 metros de largo y 49 metros de altura. El Pont du Gard es un monumento declarado Patrimonio Universal de la Humanidad por la UNESCO. En torno al monumento hay un gran centro de interpretación con un auditorio donde podemos ver una película sobre la historia del monumento. Visitar el Pont du Gard cuesta 9,50 €.

Desde el centro de interpretación hasta el Pont du Gard hay un pequeño sendero de unos 15 minutos hasta llegar a las orillas del río Gardon. Un lugar donde también está permitido el baño.

En época medieval se construyó un puente paralelo para permitir vadear el río y favorecer el comercio. Desde ese puente usted puede contemplar los inmensos bloques de piedra, algunos más de 2m3.

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Dejamos el Pont du Gard, cuando ya empezaba a caer la tarde. Nos dirigimos a la cercana localidad de Uzès, donde pernoctamos esta noche. El Hotel elegido fue el Best Western Uzès Pont du Gard, que se encuentra a las afueras de Uzès, en la carretera de Nimes. El precio de la habitación era de 83 € con el desayuno buffet incluido.

La verdad es que nos costó un poco encontrar el hotel porque el nombre del hotel lo habían cambiado por el logo de un acueducto en referencia al Pont du Gard. Y para colmo al lado del letrero del Hotel por el nombre del restaurante que hay dentro y que se llama Le Cercle Rouge, con  lo que parece que el hotel se llama así. Todo esto lleva a la fácil confusión. Fuera aparte de este problema, el hotel es espectacular.

En Uzès nos encontramos con la sorpresa de que estaba en fiestas, la fiesta del toro, en la que sueltan toros por las calles al estilo de los Sanfermines de Pamplona. No vimos toros, por la hora en la que llegamos pero si los pasacalles callejeros.

Cenamos en un bar junto a la calle vallada por donde pasaban los pasacalles de la fiesta con lo que la cosa estaba muy animado. Como la fiesta era dedicada al toro, la cena tenía que ser relacionada con ello. Así comimos un exquisito estofado de toro con patatas fritas, acompañado de un vino blanco de la zona.

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Después de la cena dimos un pequeño paseo por el pueblo y encontramos una orquesta, en una plaza cercana, que animaba la noche a los vecinos.

Después de un rato viendo como se divertían los lugareños, regresamos a nuestro hotel para descansar. Mañana visitaremos esta localidad que también tiene mucho que ver.

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