Día 4º: 18 Ago: Múnich – Füssen

RUTA DEL DIA:

Múnich – Schwangau: 118 kms.

Schwangau – Füssen: 3,5 kms.

TOTAL: 121,5 KMS.

En el cuarto día de nuestro viajes, llegó el momento de echarnos a la carretera. Para ello alquilamos un coche, que íbamos a mantener hasta el final de nuestro viaje. El coche pertenecía a la compañía HERTZ. Y un alquiler por 12 días nos costó 313,55 €.

Así que después de desayunar por última vez en el Smart Stay Hostel de Múnich, nos dirigimos hasta la Estación Central, Hauptbahnhof, donde debíamos recoger el vehículo un Opel Corsa.

El primer destino es el final de la Ruta Romántica. Tradicionalmente esta ruta lleva desde Würzburg hasta Füssen. Nosotros íbamos a realizar la ruta en sentido inverso. Comenzaríamos la misma de Sur a Norte, desde Füssen, en el corazón de Baviera. Pero antes de llegar a Füssen, nos detendríamos en la cercana localidad de Schwangau. Esta localidad es el punto de partida para visitar dos de los más bellos y famosos castillos de Alemania: Höhenschwangau y Neuschwanstein, los castillos del Rey Loco Luis II de Baviera.

Este peculiar y famoso rey, nació en Múnich en 1845. Fue hijo del rey Maximiliano II de Baviera y de la princesa María de Prusia. Debido a su posición como heredero de la corona, fue consentido inusitadamente en algunos aspectos, pero severamente controlado por sus preceptores y sujeto a un estricto régimen de estudio y ejercicios. Ello indudablemente pudo influir en su delicada personalidad.

Luis sucedió a su padre en 1864, a la edad de 18 años, pasando a ser conocido como Luis II de Baviera. Tuvo siempre como ideal los reyes absolutistas y quiso reconciliar a los Estados alemanes. Pronto surgieron dos problemas: la expectativa, siempre frustrada, de engendrar un heredero y las relaciones con Prusia.

Ludwig_II_of_Bavaria.jpgDesilusionado de gobernar en la época en que le había tocado, Luis II se fue retirando cada vez más de la capital constitucional, Múnich, en que debía residir un número mínimo de meses al año, cumpliendo tan solo el mínimo exigible, y haciendo que sus ministros se dirigieran al castillo de Linderhof, donde residía habitualmente, para firmar las leyes propuestas por estos.

La vida excéntrica del rey y su personalidad melancólica condujeron al dictamen médico que lo declaró, finalmente, incapacitado para gobernar (aunque se ha sugerido que esta no fue sino una estratagema familiar para arrebatarle el trono). Pasó sus últimos días bajo atención psiquiátrica. Su muerte tuvo lugar en el lago de Starnberg en Schwangau, el 13 de junio de 1886, en extrañas circunstancias.

Pues bien, este Rey pasó buena parte de su infancia, posiblemente los años más felices de su vida, en el castillo de Höhenschwangau. Y cerca de este castillo, en el desfiladero de Pöllat había unas ruinas de un antiguos castillo que el decidió reconstruir. Ese castillo es Neuschwanstein. La intención del rey era dedicar la decoración de este castillo a su idolatrado compositor Richard Wagner, como se demuestra en la carta que el escribió en 1864:

“Tengo la intención de hacer reconstruir la vieja ruina del castillo de Hohenschwangau en el desfiladero del Pöllat al estilo auténtico de los antiguos castillos alemanes, y tengo que confesarle que me alegra mucho poder llegar a habitar allí algún día (en tres años); varias habitaciones de invitados, desde las que se disfruta de una panorámica magnífica, con el majestuoso Säuling, la cordillera del Tirol y más allá la llanura, serán acondicionadas confortablemente y con carácter acogedor; Vd. le conoce, a ese mi admirado huésped que quisiera alojar allí; el lugar es uno de los más bellos que se puedan encontrar, inaccesible y sagrado, un templo digno para el divino amigo, por el que florece la única gloria y la verdadera bendición del mundo. También encontrará reminiscencias de “Tannhäuser” (Sala de los Cantores con vistas al castillo de fondo), de “Lohengrin” (patio del castillo, corredor abierto, camino a la Capilla); en cada detalle será este castillo más bello y acogedor que el castillo de abajo, el de Hohenschwangau, que cada año se profana con la prosa de mi madre; se vengarán los profanados dioses y arriba estarán con nosotros en alturas escarpadas, envueltos en el éter.”

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Pues bien en poco mas de una hora llegamos a Schwangau, localidad situada en un precioso paisaje alpino. La visita conjunta a los dos castillos cuesta 23 €. Para llegar al primero Höhenschwangau, se puede ir caminando desde el parking donde estacionamos el coche, recorriendo un sendero con una pronunciada pendiente.

Muy pronto vemos los muros amarillos del castillo. Este castillo fue mandado construir por el padre de Luis II de Baviera, Maximiliano II, sobre las ruinas de una antigua fortaleza llamada Schwanstein. Durante el resto de su vida este castillo fue la residencia real de verano de la familia.

El Palacio actualmente es de propiedad privada pero, habilitado como museo, se encuentra cuidado al detalle. De su interior podemos destacar la gran sala de celebraciones, que ocupa todo el ancho del castillo y tiene las paredes decoradas con pinturas de escenas típicas bávaras, las estancias de la reina y del rey (situadas en plantas diferentes) aunque con los dormitorios unidos por un pasadizo o la habitación donde se hospedaba Richard Wagner que cuenta con un piano que dicen que él mismo tocó.

La visita interior termina con la cocinas del palacio. Indudablemente impresiona el lujo de las distintas estancias.

Las visitas al castillo son guiadas, de tal forma que el guía que nos acompaña, activa un audio en cada sala a la que se accede, donde nos explican lo que estamos viendo. Después de ver el interior del castillo, se puede dar un paseo por los bonitos jardines exteriores, desde donde también se ve una bonita vista del otro castillo.

Al sacar las entradas para el castillo de Hohenshwangau, se saca también la del castillo de Neuschwanstein, y te dan una hora para realizar la visita. En nuestro caso fue a las 16:00 h. Así que como teníamos tiempo hasta esa hora almorzamos en un puesto de salchichas, junto al primer castillo.

Para llegar a Neuschwanstein, hay tres opciones de transporte, porque en coche no se puede llegar. Una es andando por una empinada cuesta de unos dos kilómetros, tardándose en subir unos 45 minutos. Otra es en un autobús-lanzadera, que cuesta 1,80 € solo ida y 2,60 ida y vuelta, y la más romántica, también las mas cara, sería en un coche de caballos, a 6 € la subida y 3 € la bajada.

Nosotros escogimos la opción del autobús. Este para junto el puente Marienbrücke, desde donde podemos ver las primeras y más espectaculares vistas de este impresionante castillo de cuentos, que impresionó al mismísimo Walt Disney que lo tomó como modelo para sus historias como las de Blancanieves o la Cenicienta.

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Este puente se ubica sobre el acantilado del rio Pöllat, y fue construido en 1845, a 90 metros sobre las cascadas del rio Pöllat. Lleva el nombre de la reina Maria de Prusia, madre de Luis II.

Desde allí en un paseo de unos diez minutos se llega a las puertas del Castillo de Neuschwanstein. Durante el camino empezó a llover, y cuando llegamos a las puertas de acceso ya llovía bastante fuerte. Así que esperamos un poco a que descampara bajo el arco de entrada, mientras esperábamos que llegará nuestra hora de visita.

La visita a Neuschwanstein, al igual que en Höhenschwangau es guiada, activándose el audioguía automáticamente conforme vamos entrando en las diferentes estancias.

Las dependencias son absolutamente maravillosas. Es un castillo de cuento, cada uan de las salas del mismo se dedica a algún cuento de la mitología germánica con impresionantes frescos y un mobiliario riquísimo.

El castillo cuenta con unas 200 habitaciones entre las que destacan llamativas estancias como la Sala del Trono, con 13 metros de altura, la Sala de los Cantores, que a pesar de su gran tamaño y su escenario no estaba dedicada a acoger fiestas de la corte, o bien el dormitorio del rey y la capilla, realizados en estilo neogótico.

También son espectaculares las vistas desde la balconada del castillo, desde donde se alcanza a ver el castillos de Höhenschwangau, el pueblo y el lago Forggen.

La primera piedra del “Castillo Nuevo” fue colocada el 5 de septiembre de 1869. Lo que primero quedaría terminado, en 1873, sería la puerta fortificada en la que Luis II viviría durante años. En 1880 se celebró la terminación del edificio palaciego que pudo habitarse en 1884. Aunque el rey poco pudo disfrutar del Castillo terminado, pues en 1886 fue declarado incapaz para gobernar y recluido en el castillo de Berg, muriendo poco después en extrañas circunstancias, en el lago de Stanberg.

Después de visitar este maravilloso sueño de un rey loco, regresamos al autobús para bajar al pueblo de Schwangau. A parte de los dos castillos, Schwangau es un bonito pueblo turístico, con bellos edificios monumentales y lujosas mansiones, muchas de ellas convertidas en elegantes hoteles, junto al lago Forggen.

Dejó de llover, durante la visita del Castillo de Neuschwanstein, así que dimos un último paseo por el pueblo de Schwangau antes de continuar el camino hasta Füssen, cuando ya empezaba a caer la tarde. Está cerca Füssen, a unos 4 kms solamente.

En Füssen pernoctaríamos las próximas dos noches. Para ello alquilamos un estudio, que se llama Haus Reiter. La dirección es Alatseestrasse, 5. Y el precio 59 euros por noche. Esta magníficamente bien equipado el apartamento y además su amable propietaria nos obsequió con un kit completo de bolsa, folletos y mapas turísticos de la zona.

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Como el apartamento estaba bien equipado con una cocina, decidimos ir a un supermercado para comprar el avituallamiento para el desayuno y la cena durante nuestra estancia en Füssen, que sería de dos noches. Sin embargo, ya era tarde y el supermercado estaba cerrado, con lo que esa noche cenamos en un McDonalds que había cerca del apartamento.

Después de la cena, nos dirigimos a nuestros aposentos para descansar y recobrar fuerzas para el día siguiente.

 

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