Día 6º: 4 Ago: Bremen

RUTA DEL DIA: En tren: Utrecht CS – Amersfoort: 9:06 a 9:20 h. Amersfoort – Osnabrück: 9:36 a 12:06 h. Osnabrück – Bremen Hbf: 12:23 a 13:16 h. TOTAL: 4 h y 6 min.

En nuestro 6º día de viaje, dejamos los Países Bajos y entramos en Alemania. Hubo que levantarse temprano para coger el Tren hasta Bremen. No hay tren directo desde Utrecht, con lo que es necesario hacer dos transbordos, el primero en Amersfoort y el segundo en Osnabrück. En total 4 horas y 6 minutos de recorrido. El precio del billete que sacamos dias antes del inicio del viaje en la web: http://www.bahn.com

Sin lugar a dudas la mejor web para buscar transportes ferroviarios por Europa.

Por tanto, después de un tranquilo viaje aunque un poco largo, llegamos a Bremen sobre las 13:30 h. En la única noche en que pernoctaremos en esta ciudad, nos alojamos en el Bremer City Hostel, un alojamiento tipo albergue situado en la calle Am Wall, 55. El precio de la habitación doble con baño compartido es de 44,14 €. Es albergue está bien sin lujos, pero confortable y bien comunicado tanto con la estación de trenes como con el centro de la ciudad.

Después de comer en un fast-food cercano nos dirigimos al centro para conocer esta bonita ciudad, mundialmente conocida por el cuento de los hermanos Grimm “Los Músicos de Bremen”.

La historia que se narra en el cuento de Jakob Grimm Los músicos de Bremen es la de cuatro animales: un burro, un perro, un gato y un gallo que viven en el poblado de Dibbsersen, en la Baja Sajonia de Alemania, cuyos dueños han decidido sacrificarlos, porque consideran que, por su vejez, estos sólo consumen comida y ya no les son útiles para el servicio doméstico. Los animales se encuentran después de que cada uno, de forma independiente, haya huido de la casa de sus respectivos dueños. Al conocerse, deciden iniciar un viaje con destino a la ciudad de Bremen, ciudad hanseática liberal y abierta al mundo, conocida por su simpatía por los extranjeros. En su camino hacia Bremen, estos exiliados que huyen de la condena a muerte, llegan al anochecer a una choza en la que están pernoctando unos bandidos. Con el objetivo de amedrentarlos para ocupar ellos la vivienda, forman una figura esperpéntica con sus cuerpos, al treparse en la espalda de cada uno de ellos, en el orden que se ha mencionado. Así emiten los sonidos propios de su especie, en unísono, lo que hace huir de terror a los bandidos. En el cuento, en realidad no se sabe si los peregrinos llegaron a Bremen o se quedaron en el camino en una de sus aventuras extraodinarias.

Bremen junto a su puerto Bremenhaven forma la Ciudad Libre Hanseática de Bremen, o Estado de Bremen. Tiene unos 550.000 habitantes, que llega a casi el millón con su aglomeración. La ciudad nació con los sajones y se desarrolló desde la Edad Media con enclave comercial con los estados del Mar Báltico.

Bremen, pese a no ser uno de los destinos turísticos más conocidos de Alemania, posee uno de los cascos históricos mejor conservados del país. Arquitectura hanseática, gótica y renacentista se mezclan junto al rio Weser con las grandes calles comerciales que inundan el centro. Esta convivencia de vanguardismo e historia es lo que convierte a Bremen no sólo en Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, sino en un lugar mágico donde se juntan pasado, presente y futuro.

El casco antiguo (Altstadt) limita al sur con el rio Wesser y al norte con el foso de las antiguas murallas de la ciudad. Justo en este lugar es donde se encuentra nuestro Hotel.

El corazón de Bremen lo constituye la imponente Marktplatz, donde se encuentran los edificios más emblemáticos. En esta enorme plaza podemos ver el Ayuntamiento, la Catedral de San Petri, la Cámara de Comercio, las Fachadas del lado Oeste, la Iglesia de Nuestra Señora, las estatuas de Roland y los músicos de Bremen y la moderna Casa de la Ciudadanía.

Sin lugar a dudas el edificio que más nos impresionó es el del Ayuntamiento. Aunque en origen se edificó en estilo gótico, entre los años 1405 y 1410, lo que mas destaca es su fachada renacentista. Puede considerarse como una de las construcciones más bellas de Alemania, no faltándole ningún detalle. Sus dos plantas se decoran con estatuas de caballeros, escudos heráldicos y animales entrelazados en perfecta armonía.

Frente al Ayuntamiento se encuentra la Estatua de Roland. Representa a un caballero medieval ataviado con espada y escudo, símbolos del honor, la justicia y la libertad de la ciudad. La estatua original de madera se quemó en un incendio y en 1404 se sustituyó por la actual estatua que mide más de 10 metros de alto.

A la derecha del Ayuntamiento se encuentra la Catedral de San Pedro. Fue construida en el siglo XII en estilo gótico y tiene una planta rectangular de tres naves y varias capillas anexas. Pertenece a la Iglesia Evangélica. La fachada principal de doble torre mide 99 metros de altura y es posible subir a una de las torres, desde donde se pueden ver unas espectaculares vistas de la ciudad.

En la fachada izquierda del Ayuntamiento se encuentra la estatua en honor del cuento “Los Músicos de Bremen” erigida en 1523, y que la gente tiene la costumbre de tocar las patas delanteras del burro porque dicen que da suerte.

Cerca de aquí está la Iglesia de Nuestra Señora, o Unser Lieben Frauen Kirchhof, la más antigua del la ciudad, pues data del siglo XI.

En el lado opuesto al Ayuntamiento se encuentra la Casa del Comercio, o Schütting. Edificio del siglo XVI de estilo renacentista de Flandes que fue construido por los comerciantes de Bremen para celebrar asambleas y reuniones. En 1944 fue destruido por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, aunque pudo ser reconstruido posteriormente.

En el lado oeste de la Marktplatz se encuentran una serie de edificios de fachadas pintorescas que albergaban la Farmacia. la Caja de Ahorros y la Casa de Alemania.

Finalmente en el lado opuesto a estas casas se encuentra el edificio más feo de esta plaza. Se trata de la moderna Casa de la Ciudadanía, cuyo estilo desentona bastante dentro de una plaza con tan bellísimos edificios.

Caminando a la derecha de la Casa de la Ciudadanía llegamos a la calle Böttcherstrasse, la antigua calle de los antiguos toneleros que enlaza la Marktplatz con el río Wesser. Se reconstruyó esta calle en los años 20 por iniciativa del comerciante cafetero Ludwig Roselius. Llaman poderosamente la atención sus edificios de ladrillos rojos que no atienden a ningún estilo arquitectónico en concreto. En la actualidad en una zona peatonal repleta de tiendas.

El edificio que hay al principio de la calle con un gran relieve dorado es la Casa Roselius. A principios del siglo XX el comerciante Ludwig Roselius, gran amante del arte, adquirió este edificio renacentista y lo reconvirtió en un museo donde se exponen obras de arte y mobiliario de su colección.

Otro de los símbolos de Bremen es el Carillón con 30 campanas de porcelana de Meissen, que a cada hora en punto desde las 12:00 hasta las 18:00 agolpa frente a él a multitud de turistas para escuchar el tañir de estas campanas. Al compás de la melodía un panel giratorio muestra imágenes de los intrépidos aventureros que cruzaron el Atlántico rumbo a América. La melodía dura 15 minutos.

Avanzando por esta calle entramos en un pequeño patio decorado con estatuas de bronce donde había una encantadora tienda y fabrica de caramelos artesanos, la Bremer Bonbon Manufaktur, donde como no podía compramos unos riquísimos caramelos con sabor a regaliz. Los hay de todos los sabores, formas y colores.

Delante de la tienda volvemos a ver un recuerdo de los Músicos de Bremen en una bonita fuente.

Como dije antes, la calle Böttecherstrasse desemboca en la Ribera del Wesser, el lugar más animado de Bremen con decenas de terrazas y bares. Aquí se encontraba el antiguo muelle de la ciudad pero con la fundación del nuevo puerto Bremerhaven, se fue remodelando hasta convertirse en una zona recreativa y de ocio.

Sin lugar a dudas el mejor sitio para sentarnos a disfrutar de unas buenas cervezas alemanas, que ya tocaba, después de tanto paseo. Hay una butacas tumbonas donde te puedes relajar mientras disfrutas de la cerveza y la música de las terrazas.

Después de descansar un buen rato en la Ribera del río Wesser nos encaminamos al precioso barrio de Schnoor. Es un barrio hanseático con estrechas calles con casas de colores de los siglos XV y XVI. Es el barrio más antiguo y bohemio de Bremen y en el conviven multitud de comerciantes y artistas. Es un verdadero placer perderse por su laberinto de callejuelas lleno de curiosas tiendas, plazas y restaurantes.

Todas las calles son preciosas y detrás de cada esquina te espera alguna sorpresa. Por ejemplo la bella plaza Stavendamm, llena de encanto, con una extraña escultura en el centro que representa unos gordos bañándose o retozando dentro de un estrecho barril. También había una preciosa tienda de muñecos con una sorpresita adorable en su escaparate.

La sorpresita, no es otra cosa que un lindo gatito gris que había en el escaparate, inmóvil, pero que no era un peluche sino un gato de verdad. Para comérselo.

Continuamos paseando por este precioso barrio un buen rato, hasta que empezó a caer la tarde. Pasamos por la calle más estrecha de Alemania y otras bonitas casas de colores o la iglesia católica de San Juan, hasta retornar a de nuevo a la Marktplatz.

La Propsteikirche St. Johann, o Iglesia de San Juan se construyó en siglo XIV como una abadía franciscana, siendo un claro ejemplo de iglesia gótica de ladrillo.

Regresamos, por tanto, a través de la calle Sandstrasse y la plaza Domshof, en el lateral del Ayuntamiento hasta la Marktplatz. En esta ultima plaza se puede ver la monumentalidad de la Catedral de San Pedro y frente a ella la mole cudrangular que representa el Bremer Landesbank, unos de los bancos más importantes de esta región.

En ese momento, ya cayó la noche sobre Bremen, y era el momento de buscar un sitio para cenar. Para ello no pudimos escoger mejor sitio que la Cervecería Schüttinger Gasthausbrauerei. Esta cervecería se encuentra en un callejón de la Böttscherstrasse. En ella fabrican su propia cerveza y se puede disfrutar de la típica gastronomía alemana. Es un local enorme y con un muy agradable ambiente, genuínamente alemán.

Esta noche cenamos una especie de pizza alemana que aquí llaman Flammkuchen y un plato de Leberkäse con huevo frito patatas y verduras. Esto es una especie de embutido alemán una textura de pasta de carne que ponen asada y que a mi particularmente me encanta. Todo regado, por supuesto con unas magnificas jarras de la cerveza local.

Con esta deliciosa cena, terminó nuestra visita a Bremen. Una bellísima ciudad que nos sorprendió, sobre todo por no ser de las ciudades más conocidas turísticamente de Alemania, pese a su incuestionable atractivo.

De regreso a la parada del tranvía que nos tenía que llevar al hostal, volvimos a pasar por la Marktplatz, pudiendo admirar, ahora con la tenue iluminación nocturna, por última vez su gran belleza. Una plaza ya completamente vacía y silenciosa, como descansando del bullicio del día, recobrando fuerzas para el día siguiente.

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