Día 3º: 1 Ago: Zaanse Schans – Amsterdam

En el tercer día de nuestro viaje, continuaremos visitando la capital de los Países Bajos. Pero antes, tomamos el tren de Zaandam, en dirección inversa hacia la cercana localidad de Zaanse Schans a solo unos diez minutos desde la localidad donde teníamos nuestro alojamiento.

Zaanse Schans es el sitio perfecto para descubrir cómo se vivía en Holanda durante los siglos XVII y XVIII. Podemos ver molinos, casas típicas, una quesería y granja lechera con productos tradicionales o la fábrica de chocolate Verkade.

Zaanse Schans nació gracias a la visión del arquitecto Jaap Schipper. Todo lo que tú ves en el pueblo ha sido colocado allí para poder conservarlo (aunque Zaanse Schans, ya existía desde 1574).

Este arquitecto en su trabajo de fin de carrera en 1946, desarrolló la idea de un lugar donde poder conservar edificios antiguos que ya no se utilizaban y que corrían el riesgo de ser demolidos y dejar de existir.

Así surgió este encantador lugar, muy pintoresco, que te enamora en seguida. Lo primero que notas al bajar del tren es el intenso olor a chocolate que se desprende de la enorme fábrica Verkade, la fábrica de chocolate y galletitas más grande de la región de Zaan. Es posible visitarla por dentro, aunque nosotros no lo hicimos.

Una vez que salimos de la estación hay que dirigirse en dirección a la fábrica de chocolate y circundando sus muros llegamos hasta el rio Zaan, donde hay que cruzar un puente que nos lleva hasta el museo al aire libre de Zaanse Schans. Por el camino vemos unas preciosas casas típicas de la zona, de madera y vivos colores.

Antes de cruzar el puente nos encontramos con el primero de los molinos que podemos ver en este pueblo. En el entorno del Zaanse Schans se construyeron más de 600 molinos durante el siglo XVII. Esto la convirtió en la primera región industrial. Los molinos se usaban para moler especias y producir pintura, tablas de madera, tintes y óleos. La mayoría de estos molinos siguen en pie y se pueden visitar. Podrás ver desde fuera, y también por dentro, cómo funciona la maquinaria impulsada por el viento.

Merece la pena detenerse unos minutos en el puente para admirar la belleza del lugar. A la derecha el poblado histórico, y a la izquierda las casas de la zona residencial de Zaanse Schans.

Al otro lado del puente comienza el poblado histórico de Zaanse Schans. Lo primero que vemos son unas encantadoras casitas de madera junto a los canales, todo rodeado de una hermosa vegetación. Se respira paz por todo el recorrido.

Una vez pasadas estas casas de color verde, seguimos el sendero junto a un canal que nos lleva hasta el museo etnográfico al aire libre de Zaanse Schans.

Aquí podemos encontrar diferentes museos como una tienda de ultramarinos de las de antes, un taller de fabricación de zuecos, una lechería o una fábrica de quesos. También una casa de comerciantes del siglo XIX o una colección de relojes extraordinarios. Algunos de estos museos son de entrada libre y en otros hay que pagar una pequeña cantidad para su visita.

Nosotros entramos primeramente en una fábrica de zuecos, donde te explican como es la fabricación de estos típicos zapatos de madera.

La siguiente parada fue la quesería de Catherine Cheese, donde los aficionados a los quesos (que no es mi caso) tienen la oportunidad de probar infinidad de variedades a cual más deliciosa según ellos, pues la verdad es que a mi los quesos no me gustan nada. Mi mujer ciertamente, si disfrutó de ello y se llevó algunos para casa, que se pueden adquirir en la misma tienda.

Después de un buen rato en la quesería, continuamos para ver los molinos junto al rio Zaan, que como dije antes, constituyeron el autentico motor del desarrollo industrial de la zona en el siglo XVII. Se pueden visitar algunos de los molinos que aun permanecen en pie y que siguen en funcionamiento para admiración de los turistas.

Aqui se acaba la visita al poblado histórico de Zaanse Schans. En este punto hay dos alternativas: desandar el camino hasta la estación o tomar una barquita que por 1 € te cruza a la otra orilla del rio Zaan, y volver a la estación por aquel camino.

Elegimos esta opción y así tuvimos la opción de visitar también esa zona del pueblo. Es una zona residencial, pero las casas, más modernas, conservan también el estilo de las antiguas viviendas del siglo XVII, con lo que el paseo es realmente muy agradable también.

Serían alrededor de las 12:00 del mediodía cuando llegamos a la estación para coger el tren que nos lleve a Amsterdam. En poco más de veinte minutos el tren nos deja en la estación Amsterdam Centraal.

Nuestro siguiente punto de interés es el enorme mercado de flores de Amsterdam o Bloemenmarkt. Desde 1862 el lugar preferido por los amsterdaneses para comprar flores y plantas. Se trata de un mercado flotante dispuesto en plataformas y barcazas bien sujetas al borde del canal Singel, en la calle Reguliersdawarsstraat.

El mercado está abierto todos los días, de lunes a sábado de 9:30 a 17:30 y los domingos en horario mas reducido de 11:30 a 17:30. Este mercado es todo un placer para los sentidos de la vista y el olfato. Se puede comprar todo tipo de semillas, bulbos, flores y plantas. Pero por supuesto el producto estrella son los tulipanes de los más variados e intensos colores.

Después de comprar unos cuantos bulbos de tulipanes nos fuimos a almorzar en un bar junto al mercado donde pudimos disfrutar de un delicioso costillar al horno y una refrescante ensalada con sus imprescindibles cervezas

Una vez retomadas las fuerzas nos encaminamos hacia la Plaza Spui. A unos 900 metros del Bloemenmarkt y situada muy cerca de la Universidad es un agradable lugar donde pasear sin prisa, tomar un café, leer o conseguir obras de arte y libros. Probablemente sea una de las plazas más bonitas y pintorescas de la ciudad.

Junto a la Plaza Spui se encuentra el Beginjhof, un remanso de paz y tranquilidad dentro de la agitada vida de Amsterdam. Se trata de un conjunto de elegantes casas fundado en 1346 para albergar una hermandad femenina católica laica: las beguinas. Esta hermandad era muy común en estos países del Benelux, pues también se encuentran comunidades beguinas en otras ciudades, como Brujas o Gante.

En el número 34 de este bonito vecindario podréis ver la casa más antigua de Ámsterdam, data de principios del siglo XVI y es una de las dos únicas casas que quedan en la ciudad con fachada de madera. Las casas de madera fueron prohibidas en Ámsterdam en 1521 debido a su facilidad para incendiarse.

Justo enfrente de sus casas, las beguinas acudían la Engelse Kerk, una iglesia que data del siglo XV. Después de la Reforma esta iglesia les fue confiscada y en 1665 se vieron obligadas a unir dos casas para construir la Capilla de Begijnhof. La Capilla de Begijnhof se convirtió en la primera iglesia clandestina de la ciudad.

Bueno pues después de visitar Spui y el Beginjhof, pensamos en ir a ver el Museo Van Gogh. Este museo esta en la explanada de los museos, o Museumplein, cerca del Rijksmuseum que vimos el día anterior. Sin embargo, sobre todo en temporada alta para visitar este museo hace falta reserva previa. Como no pensamos en ello, no pudimos visitarlo. Lo mismo sucede con la Casa de Anna Frank, que es otro de los lugares de interés más visitados en esta ciudad.

El Museo Van Gogh, se localiza en un moderno edificio circular. En la Museumplein se encuentra también el Museo Stedelijk o Museo de Arte Contemporáneo y el Moco Museum o Museo de Arte Moderno.

Dado que no se podía visitar el Van Gogh Museum, pues entramos en el enorme Hall del Museo Stedelijk donde había unos cómodos sillones donde tomamos un té con una tartita para descansar un poco, que falta hacía ya.

Después de descansar un rato decidimos hacer otra de las tareas imprescindibles de un viaje por Amsterdam, pasear por sus calles y canales. No hay nada mejor que dejarse llevar por estas animadas calles, en busca de cualquier rincón oculto que nos llame la atención, ya sea una tienda exótica, un bonito canal, una casa barco flotantes o cualquier otra cosa llamativa.

Sin duda lo más destacable de Ámsterdam es su gran sistema fluvial, históricamente mucho mayor que el de Venecia. La longitud total del sistema de canales de Ámsterdam es de 75 kilómetros y da origen a más de 1000 puentes. En los canales viven miles de familias en las más de 2.500 casas flotantes.

Con un nombre difícil de pronunciar, Grachtengordel se conoce el anillo de los tres canales más importantes de Ámsterdam. Fue diseñado en el siglo XVII para soportar el aumento de la población. Los tres canales que lo componen se denominan, de fuera a dentro, Prinsengracht, Keizersgratch y Herengracht. El canal más llamativo de los tres es el menor, Herengracht, en sus orillas se encuentran algunas de las mansiones más bonitas de la ciudad.

Así, paseando por las calles de Amsterdam se fue yendo el dia y acercándose la noche y después de cenar en un restaurante argentino que nos encontramos deambulando sin rumbo fijo por la ciudad se terminó nuestro tercer dia de vacaciones, el segundo en esta vibrante ciudad que cada vez nos estaba gustando más.

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