DIA 4º: 5 AGO: TAMPERE, PETÄJÄVESI, JYVÄSKYLÄ, KUOPIO

Ruta del día:
– Tampere – Petäjävesi: 142 kms.
– Petäjävesi – Jyväskylä: 35 kms.
– Jyväskylä – Kuopio: 147 kms.
TOTAL: 324 kms.

Después de desayunar en el apartamento, nos dispusimos a dar un paseo por Tampere, para conocer la ciudad. No es una ciudad muy grande y bien puede visitarse en medio dia.        


Tampere es la tercera ciudad de Finlandia y tiene unos 223.000 habitantes. La ciudad fue fundada por el rey Gustavo III de Suecia, el 1 de octubre de 1779, en el istmo entre dos lagos, el Näsi (o Näsijärvi) y el Pyhä (o Pyhäjärvi), y la ciudad queda dividida en dos partes por los rápidos de Tammerkoski que fluye del primero al segundo.

Precisamente estos rápidos han tenido gran influencia en el importante desarrollo industrial que sobre todo a finales del s. XIX y principios del XX.

Esta zona de los rápidos es la más atractiva de la ciudad. En 1820 el escocés Scott James Finlayson fundó un taller textil junto al río. Y este negocio prosperó tanto que al poco tiempo abrió una inmensa industria del algodón que llegó a dar trabajo a 12.000 personas. Esta fábrica fue el primer edificio de Finlandia que tuvo energía eléctrica, que se producía precisamente con la fuerza de los rápidos que atraviesan la ciudad.

Hoy en día el negocio textil ha decaído en Finlandia debido a la mayor competitividad que ofrecen los mercados asiáticos.

De este modo la fábrica del señor Finlayson se ha reconvertido en la actualidad en el Centro Finlayson, un área de ocio con numerosos cafés, tiendas, teatros, museos y zonas de exposiciones muy interesantes, como tambien el Centro Museo Vapriiki, que se enclava en la antigua industria del metal, madera y textil Oy Tampella Ab, que se desmanteló en 1991.

Vapriikki en finés significa fábrica, así que este es el Museo de la Fábrica. Vapriikki siempre tiene más de diez exposiciones simultáneas. Las exposiciones principales son el Museo de la Piedra, el Rupriikki (museo de los medios de comunicación), el Museo de las Muñecas, el Museo de Correos, el Museo del Hockey sobre Hielo, el Museo de los Juegos y el Museo de Historia Natural como museos permanentes. Otras exposiciones permanentes son Tammerkoski y la ciudad de los rápidos, así como la de la guerra civil de Tampere 1918. Asimismo, también se organizan exposiciones temporales, algunas de ellas internacionales.

Nosotros por cuestiones de tiempo e interés, sobre todo lo segundo, no visitamos ninguna, aunque deben ser interesantes.

El día que estuvimos en Tampere se presentó bastante lluvioso y tormentoso. Y los cierto es que eso dejó un bonito día de nubes y claros en el cielo azul, que ofrecía unos preciosos reflejos en las calmadas aguas del río Tammerkoski, con lo que pudimos hacer unas fotos espectaculares, en un entorno que realmente tampoco es tan atractivo.

La siguiente parada de nuestra visita a Tampere fue su Catedral, de religión Evangelista y Luterana. Fue diseñada por Lars Sonck y construida entre 1902 y 1907, en un estilo neo-románico.   
La catedral es famosa por sus frescos, que fueron realizados por el renombrado pintor simbolista Hugo Simberg entre 1905 y 1906. En su tiempo, las pinturas, entre las que se encuentran versiones de El ángel herido y El jardín de la muerte de Simberg, cosecharon fuertes críticas. Fue especialmente controvertida la representación de una serpiente alada en fondo rojo en el punto más alto del techo, calificada por sus contemporáneos como un símbolo del pecado y de la corrupción.

Finalmente, antes de abandonar la ciudad, pasamos por la Iglesia Ortodoxa de Tampere, consagrada a Alexander Nevski, construida entre 1896 y 1899, cuando Finlandia formaba parte del Imperio Ruso, del que se independizó en 1917. Lo que más destaca son sus cúpulas en forma de bulbos.
No pudimos visitarla por dentro al estar oficiándose en su interior una boda.

Después de nuestro breve paseo por Tampere, iniciamos nuestro camino hacia el primer punto fuerte de nuestro viaje: “La Región de los Mil Lagos”. Un laberinto azul de lagos, islas, ríos y canales, intercalados con bosques y colinas, que se extiende por cientos de kilómetros en una extensión asombrosamente hermosa y tranquila. La zona de lagos más grande de Europa.

Dicen los finlandeses que en esta región, detrás de cada pueblo hay un bosque y detrás de cada bosque un lago. Y todo eso es lo que iríamos comprobando durante los próximos tres días.

Antes que eso, nuestra primera parada sería en Jyväskylä. Esta ciudad pasa por ser el centro geográfico de Finlandia. Y justo en las proximidades, a unos 35 kms de Jyväskylä y una vez recorridos unos 145 kms desde Tampere, se encuentra una joya Patrimonio de la Unesco, de visita imprescindible: La Iglesia Vieja de Madera de Petäjävesi.

Construida entre 1763 y 1765, esta iglesia de madera constituye un claro ejemplo de la arquitectura de la iglesia escandinava luterana y se encuentra situada a las orillas de un precioso lago, lo que permitía un fácil acceso por agua y en invierno cruzando el lago helado con trineos o esquíes.

Su estructura básica sigue un plan en cruz griega de brazos iguales, coronada por una cúpula octogonal. El conjunto del edificio se hizo enteramente de pino natural, con solamente un poco de color rojo-ocre en sus bóvedas interiores, según una tradición medieval. Las bóvedas tienen grabadas las iniciales de los carpinteros que participan en su construcción.

Fue construida por el maestro-carpintero Jaakko Klementinpoika Leppänen. Su hijo Erkki acabó la obra añadiendo un campanario, una puerta de acceso y una sacristía al este. En el interior se encuentra un púlpito notable que se apoya en una estatua antigua de San Cristóbal. Están tallados los cuatro apóstoles y numerosos ángeles. Del otro del coro se encuentra un estrado en el que actuaba una coral, la iglesia nunca dispuso de órgano. Detrás del altar cuelga una pintura de Carl Frederik Blom, la “Santa Confirmación”, así como dos retratos de Moisés y Martín Lutero.

Nos parecieron muy simpáticas las tallas del púlpito, con un adorable estilo naif.

Después de visitar esta preciosa y encantadora iglesia continuamos hacia Jyväskylä, moderna ciudad que se constituye dada su localización geográfica, en el centro del país, en un importante nudo de comunicaciones. 
No nos detuvimos mucho tiempo en esta ciudad, que la llaman en Finlandia la Ciudad de la Luz al ser precursora en el sistema de iluminación exterior y donde se pueden ver varios edificios del prestigioso arquitecto finlandés Alvar Aalto.

Nosotros solo nos detuvimos en el centro de la ciudad, para entrar en una cafetería enclavada en un bonito edificio de madera a tomar unos tés de merienda acompañados de unos exquisitos pasteles.

Sería alrededor de las 18:00 h cuando terminamos la merienda y aun nos quedaban casi dos horas (147 kms.) para llegar al último destino de nuestra ruta del día.       
Una vez más el sol de medianoche juega a nuestro favor pues no hay problemas de que se nos haga la noche durante nuestro viaje, lo que se va notando aún más, conforme nos acercamos más al norte del país.

Las dos siguientes noches de nuestro viaje las pasaríamos en un camping situado en un espectacular complejo turístico de hotel, spa, apartamentos y zonas de acampada junto a unos imponentes lagos en las cercanías de Kuopio, ciudad que se puede considerar como la capital de la Región de los Mil Lagos.     

Este complejo se llama Rauhalahti. Nos alojamos en una acogedora cabaña de madera con cocina bien equipada, enmarcada en un idílico paisaje de bosques y lagos. Un lugar de extraordinaria belleza. El precio de la cabaña es de 58,50 € la noche. Las sabanas y toallas las cobran aparte.

El camping de Rauhalahti, está muy bien equipado incluso con sauna, barbacoas y todos los servicios necesarios para pasar disfrutar de la naturaleza.

Para la cena nos acercamos a un supermercado a comprar unos filetes de ternera y huevos. Y para guisarlos, bien podríamos haber usado la cocina de la cabaña, pero fue mucho mejor aprovechar una de las barbacoas instaladas en el recinto.

Esta barbacoa se encuentra en un pequeño cobertizo circular de madera, donde en el centro se sitúa una enorme parrilla y alrededor de elle unos bancos para sentarse. Aprovechamos que otros turistas habían estado utilizando la parrilla, y ya con un buen fuego, nos dispusimos a preparar los que para nosotros fue un auténtico festín. 

Después de la cena y aun con luz suficiente pudimos dar otro paseo por el entorno del camping, el embarcadero y la playita del lago, donde algunos valientes hasta se daban un baño. Y sin hacerse totalmente de noche sobre las 23:00 h nos fuimos a dormir.


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