Dia 3º: 17 Julio: BUCAREST

Nos levantamos en este día 3º de nuestro viaje con la buena noticia de que apareció la maleta perdida, que fue traída por un mensajero a nuestro alojamiento. Con esta alegría nos dispusimos a desayunar, el típico desayuno rumano que la Villa 11 nos ofrecía y que consistía en tortitas con queso y miel, fruta y café o te. Sin duda lo mejor, y casi únicamente salvable, de este pobre alojamiento.

Después del desayuno nos dispusimos a conocer la capital de Rumania. Bucarest (en rumano Bucureşti,), es la capital y la ciudad más grande de Rumania, así como el centro industrial, comercial y cultural del país. Su nombre se atribuye a un pastor llamado Bucur (Búcur), que significa en Rumano “alegre”, “contento”; por lo tanto el nombre de Bucarest se puede entender como “ciudad de la alegría”.

El origen de Bucarest está vinculado a la construcción de Curtea Veche en 1459, el nuevo palacio de Vlad Tepes. Curtea Veche se convirtió en la corte de verano del príncipe valaco y su familia y bajo la protección de su reinado se fue desarrollando un importante mercado de esclavos que supuso un fuerte desarrollo económico de la zona y motivo el traslado de muchos rumanos, creándose así una nueva ciudad en expansión.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, la población de Bucarest creció rápidamente. La extravagante arquitectura y ambiente cultural cosmopolita de la época hicieron que Bucarest llegase a ser llamada el París del Este, o “El pequeño París”, pero la diferencia social entre ricos y pobres seguía siendo demasiado grande.

En el marco de la Primera Guerra Mundial, el 6 de diciembre de 1916, la ciudad fue ocupada por fuerzas alemanas y la capital fue trasladada a Iaşi, siendo finalmente liberada en noviembre de 1918, convirtiéndose en la capital del nuevo Reino de Rumania.

Bucarest sufrió grandes destrucciones durante la Segunda Guerra Mundial debido a bombardeos por parte de las fuerzas aéreas del Reino Unido y de Estados Unidos.

El 8 de noviembre de 1945, el Día del Rey, el gobierno suprimió las concentraciones monárquicas. Durante la dictadura del dirigente comunista Nicolae Ceauşescu, gran parte del área histórica de la ciudad, incluyendo algunas antiguas iglesias, fue destruida, siendo reemplazada con edificios de arquitectura comunista. 

 Iniciamos nuestra visita junto al Arco del Triunfo de la Avenida Kisseleff, una avenida que recuerda a los Campos Elíseos de París. El Arco del Triunfo recuerda a los soldados caídos en la Gran Guerra y la reunificación del país en 1918.

Cercano al Arco del Triunfo, se encuentra el Parque Herastrau, realizado entre 1920 y 1939 por los arquitectos paisajistas Pinard y Rebhuhn. Se encuentra en la zona norte de la ciudad, tiene una superficie de 187 ha., tiene un gran lago natural y es una de las zonas verdes preferidas por los ciudadanos de Bucarest para pasar sus ratos de ocio. A destacar el encantador jardín japonés. En la orilla del lago se encuentra el Museo de la Aldea y de Arte Popular

 Este museo es un parque al aire libre donde se recrean ejemplos de la arquitectura y de la artesanía popular de toda Rumanía, incluso las famosas iglesitas de madera del Maramures. Fue creado en 1936 por el profesor Dimitri Gusti fundador de la Escuela Rumana de Sociología. Tiene una superficie de 10 ha, y se encuentra en la orilla del lago Herastrau. 

Después de visitar el Parque Herastrau, nos dirigimos hasta la Plaza de la Universidad, donde ya estuvimos el día anterior. Además de ser el centro de eventos intelectuales y políticos de Bucarest y el más popular lugar de reunión en Bucarest, la Piata Universitatii tiene una dramática historia.

Durante la Revolución de 1989, algunos de los más feroces combates de Rumanía tuvieron lugar aquí. Muy cerca están también la Universidad, la Escuela de Arquitectura Bucarest, el Teatro Nacional, el Coltea Hospital y el Palacio Sutu (Museo de Historia).

En esta gran plaza confluyen diferentes bulevares, donde el que conozca Paris, puede llegar a entender porqué a Bucarest se la llegó a considerar a principios del siglo XX, como la “Paris del Este”, o la “pequeña París”. En uno de esos bulevares se encuentra la Piata Romana, donde una estatua de Romulo y Remo amamantados por una loba, nos recuerda el origen romano de este país, cuando era la provincia de Dacia. 

Cerca de aquí en la Plaza de la Revolución se encuentra la Iglesia Kretzulescu, financiada y erigida en honor del noble Iordache Kretzulescu y de su esposa Safta (hermana del antiguo Domnitor de Valaquia Constantin Brancoveanu) entre 1720 y 1722. Exponente extraordinario del estilo brancovenesc rumano; originalmente las paredes exteriores habían sido enyesadas, pero tras la restauración de 1932-33 fueron recubiertas de ladrillos decorativos; las pinturas interiores son obra del gran maestro de la pintura neoclásica Gheorghe Tattarescu. 

Se puede considerar casi como un milagro que dicha iglesia pudiese sobrevivir al periodo destructivo de los años 80, máxime teniendo en cuenta su localización, enfrente de la sede del Comité Central del PCR (posteriormente sede del Senado y actual Ministerio de Interior y de las Administraciones). También en las proximidades se encuentra el Teatro de la Opera, Ateneul Roman, precioso edificio neoclásico, diseñado por el arquitecto francés Albert Galleron. Se inauguró en 1888, y una parte de los fondos de construcción fue planteada por suscripción pública, en un esfuerzo a lo largo de 28 años, recordándose aún hoy en día el lema: “Dona un leu para el Ateneu!”. 

Delante del edificio hay un pequeño parque y una estatua del poeta rumano Mihai Eminescu, Llama la atención en este parque el pianista vegetal que hay situado en el centro del mismo. 

Después de visitar el Ateneu, llegó la hora de almorzar. Y para ello escogimos un sitio singular: El restaurante Burebista Vanatoresc, en la calle Batistei, 14, próximo a la Plaza de la Universidad. Rumanía es uno de los pocos países del mundo en los que se puede comer carne de oso salvaje, urso en rumano. Y este local es el sitio idóneo para ello. El restaurante muy acogedor y decorado rústicamente, ofrece distintos platos de carne de caza, siendo el oso uno de los elementos estrella. 

La carne de oso la sirven estofada con una guarnición de sémola de trigo, y su sabor es fuerte al estilo de la carne de venado o ciervo. Delicioso. El precio, como ocurre en todo el país, muy asequible. En Rumania, como en Bulgaria, se puede comer en restaurantes de gran categoría por un total de no más de 12 ó 15 euros. Vale por tanto la pena aprovechar la ocasión. 

Después de este excelente almuerzo, continuamos nuestra visita de la ciudad, dirigiéndonos a la parte más antigua de la ciudad, la Corte Vieja, o Curtea Veche. Para ello hay que tomar la arteria comercial principal de Bucarest que es la Calea Victorie, al final de la cual se encuentra de bohemio barrio de Lipscani, que es donde se encuentra la Curtea Veche. 

Lipscani, el centro histórico de Bucarest, conserva un encanto de una ciudad antigua que es casi irresistible. Sus recogidas callejuelas cuentan con tiendas de antigüedades, mercados de artesanía, y tiendas de baratijas que se distribuyen entre pequeñas boutiques y algunos de los más atractivos bares y restaurantes de la ciudad, como la Posada de Manuc, del s.XIX, que se encontraba en proceso de restauración cuando estuvimos en Bucarest, y que pasa por ser uno de los edificios más antiguos de la ciudad. 

 El Tribunal de Justicia del Antiguo Principado (Curtea Veche) fue construido en el s.XV por Vlad Tepes, también conocido como Vlad Drácula. De acuerdo con la leyenda, mantuvo a los prisioneros bajo la sala de justicia. Lo que queda hoy en día son unas cuantas paredes, arcos, tumbas y columnas de estilo corintio. Aquí también se encuentra la iglesia más antigua que se conserva de la ciudad de Bucarest, del s. XVI,la Vieja Iglesia del Príncipe (Biserica Curtea Veche). De esta iglesia destaca la arquitectura típica rumana y los originales frescos de sus paredes. 

Muy cerca de la Curtea Veche se encuentra la gigantesca plaza de la Unión, o Piata Unirii, que resalta por su impresionante fuente central y llama la atención por los edificios que la rodean repletos de anuncios luminosos de las más variadas cosas. 

Desde esta plaza parte el enorme Bulevard Unirii que desemboca en el edificio más conocido de Bucarest, el Palacio del Parlamento. El Palatul Parlamentului din România, también llamado Palacio del pueblo, es un edificio de usos múltiples que alberga las dos cámaras de parlamento de Rumania. Según el libro de los Guinness Récords mundiales, es el segundo edificio administrativo más grande del mundo (después de El Pentágono). Se extiende sobre un área total de 350.000 m² y tiene más de 6.000 habitaciones.

Su construcción se inició en el año 1985 a instancias del presidente Nicolae Ceauşescu, bajo la dirección de la arquitecta jefe Anca Petrescu. Fue necesario el derribo de varios barrios de la parte alta de la ciudad con un total de doce iglesias, dos sinagogas, tres monasterios y más de 7.000 casas. El propio dictador intervino directamente en las obras, junto al equipo de ingenieros.

A la muerte de Ceausescu, en 1989, muchas partes del edificio continuaban en obras. En 1990 el gobierno de Ion Iliescu se planteó su demolición. Entre las propuestas destacaba su conversión en casino o cubrirlo de tierra a modo de monumento contra el comunismo. Finalmente se decidió que albergara el Parlamento, pese a que continúa sin finalizar. 

Una vez visto este descomunal edificio, regresamos por la Calea Victoriei, admirando los imponentes edificios neoclásicos que se suceden a lo largo de la misma. Sus edificios ofrecen un panorama muy variado de la arquitectura de los siglos XIX y XX. La calle mide unos 3 km, lo que es bastante largo, y necesitas unas dos horas para visitarla.

En 1878, después de la guerra ruso-turca, la independencia de Rumania se confirma, y las tropas vienen a desfilar por la calle, que se convierte en la calle de la Victoria. Bajando un poco más desde la plaza de la Victoria, se llega al bello palacio Cantacuzino a mano derecha, ahora es el museo Enescu, luego está la casa Lens – Vernescu, que fue renovada y convertida en casino y sala de juegos, o la, que es el museo de las colecciones de arte, la casa Romanit. Es una pena que la mayoría todavía estén en mal estado, y haya tanto tráfico, pero es un lugar bello, donde merece la pena detenerse, y tomar por ejemplo un refrigerio en alguno de sus elegantes cafés. 

 Finalizamos nuestro día de visita a la ciudad de Bucarest relajándonos en el Parque o Gradina Cismigiu. En 1779, el sitio era un bosque abandonado, rodeando un lago. El príncipe Alejandro Ypsilanti decide poner ahí una fuente, para abastecer a la ciudad de agua potable. El responsable de las fuentes del ayuntamiento vivía ahí, y se le decía Mare Cismigiu, lo que significa el gran fontanero, y explica el nombre del parque. El austriaco Meyer ofreció luego un plan de paisajismo que el entonces príncipe Bibesco llevó a cabo para transformar el lugar en un jardín público de 17 hectáreas, abierto a los habitantes desde 1854. 

Al sur de este parque está el canal Danbovita, que lo separa del Palacio del Parlamento. 

 Después de descansar un rato en el parque Cismigiu, regresamos al alojamiento, para tomar una ducha y refrescarnos con la idea de volver al centro y cenar en el precioso restaurante Caru cu Bere. Es la cervecería más antigua de Bucarest, de 1875, e impresiona por su decoración gótica de madera, al más puro estilo del Conde Drácula. 

La comida, típicamente rumana es excelente. Las carnes de caza, el pato, o sus deliciosos postres hacen del lugar una visita obligada.

En la misma calle del Caru cu Bere, se encuentra la Iglesia Stavropoleos (junto al Museo de Historia, en la terminación de Calea Victoria). Construida por el monje griego (refugiado en Bucarest) Ioanichie en 1724, es una de las mayores joyas de Bucarest. Su pequeño tamaño (parece encajonada entre edificios más altos) no impide que sea la obra más importante del brancovenesc tardío, con hermosísimas columnas de piedra, fabulosas decoraciones geométricas, zoomórficas o florales, espectacular balaustrada o depuradísimos capiteles. Los terremotos de 1802 y 1838 la dañaron gravemente (incluso se derrumbó el campanario), y su restauración no comenzó hasta el 1900, cuando inició los trabajos el prestigioso arquitecto Ion Mincu. 

Después de la cena regresamos al alojamiento en un taxi, satisfechos por haber pasado un agradabilísimo día paseando por esta imponente ciudad, que después de años de represión bajo el gobierno de Ceausescu, intenta poco a poco volver a reverdecer, para ser de nuevo considerada una de las más elegantes ciudades de la Europa del Este.

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