DIA 6º: 7 Ago. KUOPIO – SAVONLINNA

RUTA DEL DIA:
– Kuopio – Savonlinna: 161 kms.
TOTAL: 161 Kms.

Comenzamos nuestro sexto día de viaje, después del desayuno, de una forma muy finlandesa, probando la sauna del camping, disponible de forma gratuita para todos los huéspedes en horas de la mañana. Por la noche solo es posible usarla previa reserva y pago.
Solo había una chica en la sauna, con lo que pudimos disfrutarla con total tranquilidad.
Después de la sauna y ducha posterior, recogimos el equipaje y abandonamos este maravilloso camping.    

Todavía, antes de dejar Kuopio queríamos hacer dos cosas más:   

La primera fue visitar el Callejón del mercado de Pikkupietari que el dia anterior estaba cerrado al ser domingo. Este callejón es un verdadero tesoro escondido de Kuopio. Está situado en unos idílicos antiguos establos a pocos pasos de la Plaza del Mercado. El edificio de madera incluye una cafetería, con su propia terraza y encantadoras tiendas que venden artículos hechos a mano y regalos, antigüedades y muebles rústicos.
Es una calle con encantadoras casitas de madera pintadas en rojo, donde hay pequeñas tiendas de artesanía local.

La segunda cosa era comprar uno de los productos más típicos de la gastronomía de esta región, el Kalakukko, una combinación de pescado y carne de cerdo al horno en una costra de pan de centeno y envuelto en papel de aluminio. Dicen que los mejores se hornean en la panadería de Hanna Partanen en Kuopio. Y allí nos dirigimos a comprar uno de estos manjares de la cocina finlandesa. 18 euros nos costó este Kalakukko, de aproximadamente un kilo de peso. Ya lo probaríamos por la noche.

Una vez comprado el Kalakukko nos dispusimos a abandonar Kuopio en dirección a Savonlinna.

Esta ciudad se encuentra a unos 160 kms de Kuopio. Tiene unos 36.000 habitantes y se sitúa en el corazón de la región de los Lagos de Saimaa. Los más grandes de esta gran región de los Mil Lagos.
La ciudad fue fundada en el siglo XVII alrededor del castillo de San Olaf. El castillo fue fundado por Erik Axelsson Tott en 1475 en un esfuerzo para proteger Savonia y controlar la inestable frontera entre el reino de Suecia y su adversario, Rusia.

A principio del siglo XX, Savonlinna se convirtió en el centro de astillería y del tráfico naval del lago Saimaa, por lo que fue en esta época cuando se empezó a desarrollar la industria en la ciudad. Todo esto fue acompañado por la construcción del ferrocarril y la creación de un balneario junto al aserradero.     
Durante la Guerra de Continuación, la ciudad sufrió bombardeos ocasionales por parte del ejército soviético. La Catedral de Savonlinna fue uno de los edificios más dañados, pues se llegó a incendiar en 1940, causando casi su destrucción. Dicho templo fue reconstruido una vez acabada la guerra, en 1948.        

Hoy en día es una ciudad turística muy apreciada como destino de vacaciones por los finlandeses, atraídos por sus balnearios de aguas termales.

El monumento más importante es el Castillo de Olavinlinna. Un castillo de tres torres construido en el siglo XV, y que hoy en dia es la fortaleza medieval de piedra que todavía siguen en pie, más al norte del planeta.

La fortaleza fue fundada por Erik Axelsson Tott hacia 1475 bajo el nombre de Sankt Olofsborg, como un esfuerzo por aprovecharse del tumulto creado por Iván III y su conquista de la República de Nóvgorod. Fue emplazado en Savonia como reclamación de la posesión de las tierras más allá de la frontera con Rusia, establecida años atrás por el Tratado de Nöteborg. Estudios recientes han demostrado que el castillo se construyó dentro de territorio enemigo, unos cinco kilómetros más allá de la frontera; pero se desconoce si se hizo consciente o involuntariamente.

Una de las cartas de Tott de 1477 incluye un pasaje sobre un grupo de constructores extranjeros invitados al Olofsborg, que probablemente eran de Reval, en donde se estaban agrandando las fortificaciones de la ciudad. Fue el primer castillo sueco que contaba con torres circulares capaces de soportar fuego enemigo proveniente de cañones. El hecho de que el castillo se encuentre situado sobre una red de lagos y canales no es accidental, ya que estos impedirían en gran manera un posible ataque ofensivo ruso.

Además, dichos canales tienen tanta corriente de agua que no se congelan en invierno, algo que sí pasa en otras zonas del lago Saimaa, muy cerca del lugar. Así se evita también un posible ataque invernal con tropas que lleguen a pie y no en barco.

Actualmente, el castillo acoge pequeñas exhibiciones, incluyendo el Museo del Castillo, que muestra artefactos encontrados en el castillo o relacionados con él, así como el Museo Ortodoxo, que muestra iconos y otros objetos de índole religiosa venidos de toda Finlandia y Rusia. El castillo forma un espectacular escenario para el Festival de Ópera de Savonlinna, que se celebra anualmente cada verano desde 1912.

Al castillo que se sitúa en una isla en medio del lago, se accede a través de un curioso puente basculante. El castillo abre todos los días de 10:00 a 18:00 h. y la entrada cuesta 5 euros.

En otra pequeña isla junto a la del castillo de Olavinlinna se encuentra el Museo Provincial de Savonlinna. Se encuentra ubicado en el antiguo granero estatal- Un edificio de 1852. El museo se centra en la historia cultural de Savonia del Sur y en la grabación, investigación y presentación de la historia de navegación de Saimaa. Nosotros no lo visitamos, pero ahí queda para quien le interese profundizar más en la historia de esta región.

En Savonlinna destacan sus lujosas mansiones y chalets de madera, la mayoría de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, y de entre ellas una de las más impresionantes es la Villa Rauhalinna, en la calle Rauhalinnantie, 90 y que se completó en 1900. Fue diseñada y encargada por el teniente general Nils Weckman, un ingeniero de fortificación de alto rango en el ejército ruso. Esta casa se presentó como un regalo de bodas de plata para su esposa, Alma.

La casa es una auténtica joya, aunque desgraciadamente en la actualidad está abandonada. La casa representa una combinación estilística única de la arquitectura de las villas rusas, ornamentación árabe, las decoraciones en madera suizas y motivos vegetales.

 

Se accede a ella a través de un camino de tierra en no muy buenas condiciones. Para colmo una auténtica nube de mosquitos, proveniente de lago cercano, nos impidió disfrutar plenamente de la belleza que mantiene a pesar de su abandono.

Después de admirar esta bonita villa nos dirigimos ya a nuestro alojamiento del día. En esta ocasión reservamos un coqueto apartamento, muy bien decorado y acogedor, en una casita de madera, Raita House, en la calle Karnatie 5. El precio por una noche es de 59,00 €.

Esta casa se sitúa en un barrio rodeado de vegetación junto a un lago. Como aún era pronto para cenar, tuvimos tiempo de pasear por los alrededores y acercarnos a la playa del lago, donde había unos aparejos para el procesado de la pesca, abundante en esta zona. Un entorno realmente precioso.

Para la cena llegó el momento probar el famoso Kalakukko. La cena del día iba a ser un buen filetón de cerdo adornado con las deliciosas frutas del bosque que hay en este país y una rodaja del Kalakukko. Todo ello regado con Sauna, la cerveza local.

A decir verdad, el sabor de éste nos pareció un poco decepcionante. Un pescado con aspecto de pequeñas sardinas, bastante sosito, la verdad. Y la corteza de pan de centeno muy seca y dura. 



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