Día 19º: 22 de Agosto: TRIESTE – VENECIA.

RUTA DEL DIA:

Trieste – Venecia: 2 h. y 14 min. en Tren

TOTAL DEL DIA: 2 h. y 14 min en Tren

Y llegó el último día. Desayunamos en la estación de Trieste y tomamos un tren hacia Venecia, llegando a la ciudad de los canales alrededor de las 11:00 h. Nos alojamos en el mismo hotel que a la ida. El Hotel Ai Due Leoncini. Después de hacer el check-in en el Hotel, nos dispusimos a disfrutar de nuestro último día de viaje. En esta ocasión queríamos visitar la cercana isla de Burano. Para ello teníamos que tomar un vaporetto al noroeste de la ciudad, el sestiere, o barrio de Cannaregio.

Se trata de una zona intacta, con muchos canales rectilíneos, estrechas callejuelas, pequeños bares y talleres artesanales, que constituyen la parte más humilde de la ciudad. La zona que más visitan los turistas es la que está alrededor de Lista de España y de Strada Nova, las dos calles principales que llevan a la estación de Rialto. Cannaregio, además, es el sestiere donde se encuentra el gueto judío más antiguo del mundo, y aunque la comunidad hebrea hoy viva también en otras zonas de la ciudad, sigue conservando su encanto antiguo. Un lugar donde no podemos menos que recordar obras maestras de la literatura como “El Mercader de Venecia”.

En este sestiere, encontramos cerca de la parada del vaporetto, una iglesia maravillosa. Apartada de los habituales circuitos turísticos de la ciudad de Venecia, pero de una belleza impresionante. La Iglesia de Santa María Assunta ai Gesuiti, o Santa María de la Asunción de los Padres Jesuitas. Construida entre los años 1715 y 1729 en el lugar de la antigua iglesia de Santa María de los Crucíferos fundada en 1150. Los Jesuitas adquirieron los terrenos de este area conventual en 1657, de la República de Venecia.

Su planta basilical de cruz latina alargada resultó para Venecia toda una novedad. Su arquitecto fue Domingo Rossi, y se tomó como modelo la iglesia del “Gesu” de Roma. La fachada de estilo barroco, ideada por J.B. Fattoretto se reparte en dos órdenes, muy rica de estatuas de los Apóstoles y, sobre el tímpano la imagen de la Virgen de la Asunción, a quien la iglesia se haya consagrada.

También fue novedosa en Venecia la finísima decoración taraceada de mármoles verdes y blancos de impresionante efecto decorativo, perfectamente ajustados con el blanco y oro de los estucos del techo, obra de Abondio Stazio. No se puede dejar de admirar el espléndido púlpito y el tapiz de mármol del altar mayor, en los que es realmente discernir si se trata de mármol o tela.

También hay que destacar la esplendida Sacristía en la que se representa en el techo el Ciclo eucarístico, obra de Palma el Joven (1589-1590), y otras escenas bíblicas, así como los cuatro Evangelistas y los cuatro Padres de la Iglesia.

Otras obras de Palma el Joven, Tintoretto o Tiziano Vecelio, entre otros artistas se pueden admirar en esta iglesia, auténtica joya del barroco italiano.

Después de visitar esta iglesia nos dispusimos a tomar el vaporetto hacia Burano. Esta ruta del vaporetto, que surca la Laguna Veneta, pasa también por las islas de San Michele, que es el cementerio de Venecia, Murano, famosa por sus fábricas de vidrio, donde se produce el colorido cristal de Murano de fama mundial, y Torcello entre otras.

Burano es una isla de la laguna veneciana, situada a 7 kilómetros de Venecia, Italia, que se recorre en 40 minutos con el vaporetto. Su población actual ronda los 7.000 habitantes.

Destacan sus fachadas de colores, así como la única iglesia de la isla, dedicada a San Martino (San Martín); es famoso su campanile, inclinado desde que los cimientos, fundados, como toda Venecia, sobre palafitos, cedieron. La isla es famosa por la producción de encaje de hilo, y es patria del compositor Baldassare Galuppi que da nombre a la vía principal de la isla y a la única plaza del lugar.

Burano es famosa por sus casitas de colores. Los vecinos están obligados a pintar sus fachadas cada poco tiempo. Existe la leyenda de que las casas son de colores porque los marineros las pintaban así para poder llegar a ellas los días de niebla. El caso es que la imagen de esta pequeña isla, es la de estar ante una autentica paleta de colores. Una isla que a diferencia de Venecia, sí parece realmente habitada, con sus casitas con la ropa tendida y los niños jugando en la calle. También es famosa por sus encajes de hilo. Hay multitud de tiendas donde poder adquirir mantelerías, cortinas y prendas decoradas con unos finisimos encajes de hilo que forman unos preciosos dibujos.

Burano se puede visitar en poco más de una hora, y después de almorzar pasta en un mediocre restaurante, con un calor sofocante, nos dirigimos al vaporetto en dirección al Lido di Venecia.

Venecia es una ciudad única, maravillosa. Pero Lido tiene algo que ofrecer a un turista, después de haber pasado un día entero caminando a través de sus laberínticas callejuelas y ver las bellezas de piedra, junto con una multitud de otros turistas. Se merece un momento de relajación y Lido es el lugar. Lido de Venecia es la isla más delgada tranquila, apacible y verde que se extiende entre el mar y la laguna, que está a sólo 10 minutos de la plaza de San Marco, tanto en transporte público o privado, o 40 minutos de viaje en vaporetto desde Burano.

La playa del Lido tiene una longitud de 12 km. De arena fina, cada cierta distancia hay espigones, que dividen la playa en tramos. Los hoteles tienen instaladas elegantísimas casetas para sus clientes. Todo ello junto a las terrazas y bares con césped junto al mar, como la del mítico Hotel Des Bains, le dan un aire de tremendo glamour. Guarda el aspecto señorial de las playas de principios del s.XX. Nos viene a la mente la imagen de la película “Muerte en Venecia” de Visconti, y es que el Lido está muy unido al cine. El Palacio del Cinema se estaba preparando para el gran certamen de la Mostra de Venecia.

A decir verdad, el Palacio del Cinema y su canal, por donde cada año bajan las estrellas que acuden a la Mostra, decepcionan mucho a la vista. No tienen nada que ver con lo que parece en la televisión cuando lo vemos cada año. Esto debe ser lo que llaman “la magia del cine”. Sí es espectacular el enorme edificio del Casino que está frente al Palacio del Cinema, junto al mar.

Después del agradable paseo por el Lido, viendo el atardecer, tomamos el bus de línea hasta la parada del Vaporetto que por el Gran Canal nos llevaría a la estación de Santa Lucia, ya de vuelta al hotel.

Este paseo por el Gran Canal avistando la plaza de San Marco y otros enclaves típicos de la ciudad de Venecia, junto a los barcos de cruceros que iban llegando o saliendo de esta ciudad única e incomparable, fue el colofón más brillante posible para este viaje intenso e inolvidable.

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