Día 17º: 20 de Agosto: DUBROVNIK – MOSTAR – SPLIT.

RUTA DEL DIA:

Dubrovnik – Mostar (BiH): 142 km –> Mostar (BiH) – Split: 157 km

TOTAL DE KMS: 299 Km

El 17º día de viaje era el penúltimo en Croacia. Iniciamos ya nuestro viaje de regreso. En este día íbamos a pisar otro país, el quinto de nuestro viaje, la muy castigada por la guerra de los Balcanes, Bosnia-Herzegovina. Un país que poco a poco va saliendo del drama que vivió hace no mucho tiempo.

La ruta hacia el norte en dirección a Bosnia-Herzegovina, nos llevó de nuevo a Mali Ston, donde esta vez de día pudimos ver perfectamente los criaderos de ostras, de donde salieron las exquisiteces que degustamos días atrás en el magnífico Restaurante Vila Koruna.

Pudimos apreciar también a la luz del día las fortificaciones del s.XIV, erigidas por la República de Ragusa para proteger la ciudad de los ataques desde el mar. Un émulo en miniatura de la mítica Gran Muralla China. Ston durante ese periodo fue la segunda ciudad en importancia de la República, nada que ver con el actual ritmo tranquilo de la localidad.

Después de esta breve parada donde también compramos unos jugosos higos en un puestecito de frutas junto a la carretera, continuamos el camino hasta la ciudad bosnia de Mostar. El mejor sitio para cruzar la frontera croata-bosnia es la ciudad de Metkovic, pues por allí pasa la carretera en mejor estado de la zona. Esta carretera va paralela al río Neretva remontando su fértil Delta.

Mostar es una ciudad y municipio en Bosnia y Herzegovina, la más importante de Herzegovina, en el centro del cantón de Herzegovina-Neretva. Está situada junto al río Neretva y es la quinta ciudad más grande en el país. Mostar recibe el nombre de su famoso puente, el Stari Most (Puente Viejo) y las torres de sus lados (originariamente mostari). El puente fue destruido por unidades del Consejo Croata de Defensa durante la guerra de Bosnia, el 9 de noviembre de 1993 a las 10:15 am. Slobodan Praljak, el comandante de las fuerzas croatas, fue juzgado por el TPIY por ordenar su destrucción y otros cargos.

El puente de Mostar siempre ha sido considerado todo un símbolo por servir de unión entre las dos culturas en que está dividida la ciudad, con los católicos croatas al oeste y los musulmanes bosnios al este del río Neretva. Al comienzo del conflicto bélico en Mostar, croatas y musulmanes se aliaron para expulsar a los serbios, pero una vez conseguido este objetivo, se declaró una nueva lucha entre musulmanes y croatas por tomar el poder de la ciudad. Su destrucción durante la guerra supuso, por ello, el derrumbamiento de todo un símbolo de la convivencia entre culturas, de la que la ciudad había sido siempre un claro ejemplo. El puente, símbolo clave en la reconciliación de ambas culturas tras la finalización del conflicto en 1995, fue reconstruido con fondos de la Unesco e inaugurado en el 2004, contribuyendo así a la convivencia entre ambas culturas. Preciosas las vistas que se ven de la ciudad desde el puente sobre el río Neretva.

Y es que Mostar llama sobre todo la atención por la convivencia de dos culturas, la católica y la musulmana. Las calles que rodean al mítico puente son sinuosas e irregulares calles empedradas de traza medieval, en las que se ven numerosas mezquitas y tiendas a modo de zoco árabe. Eso llama mucho la atención, cultura árabe en el corazón de Europa.

La mezquita de Karadjoz Bey es considerada la mezquita más bella de la región de Herzegovina. Con su gran cúpula y minarete de alta es también el más grande. Fue construido por el arquitecto turco Kodza Mimar Sinan en 1557. También resultó dañada en la guerra pero afortunadamente ha sido reconstruido para disfrute de sus visitantes.

La mezquita del Pasha Koski Mehmed terminada en 1618, esta mezquita es la segunda más grande de Mostar. Es ligeramente más pequeña que la de Karadjoz  Bey, pero no tiene nada que envidiarle. El interior mide 12,4 x12, 4 metros. Está situada a sólo 150 metros al norte del Puente Viejo en el mismo borde de la orilla del río. Esa posición le da una vista inolvidable al casco antiguo desde su alminar. Esta mezquita también fue casi destruida en la guerra reciente, pero ahora está reconstruida.

Destaca su patio de abluciones con la fuente y en su interior su sencilla elegancia, las alfombras persas, el mihrab y la cúpula.

Otro bello puente que vive a la sombra del emblemático Stari Most, es el Kriva Cuprija (el Puente Torcido). Se cruza el arroyo Rabobolja, un afluente a orillas del río Neretva. La fecha exacta de su construcción y el nombre de su fundador, no se conocen. Puente de un solo arco de piedra que se asemeja mucho al Stari Most. El arco es un perfecto semicírculo de 8,56 m de ancho y 4,15 m de altura. La fachada y la bóveda son de piedra regular en forma cúbica incorporada en las capas horizontales a lo largo de la bóveda.

Los artesanos del cobre tuvieron, y tienen aun, gran relevancia en el desarrollo de Mostar. El trabajo del cobre, o Kujunziluk, es muy apreciado por los turistas. También hubo sastres, (Terzije) y curtidores (Bemisia tabaci). El Palacio Tabhana, lugar donde los curtidores trabajaban el cuero es hoy en día un café, pero al inicio del Stari Most, ofrece magnificas vistas.

En el lado opuesto del Puente hay otro bello edificio que hoy en día conserva un museo en el que se explica la historia del puente y hay un interesante audiovisual donde se puede ver como se destruyo el puente, y las labores para su reconstrucción y su posterior reapertura.

Almorzamos en un restaurante típico de Mostar. La comida recuerda mucho la gastronomía que podemos encontrar en Marruecos, kebap, carne de cordero, ensaladas y verduras muy sabrosas, como bella es la ciudad de Mostar. Hay que decir que Bosnia-Herzegovina tiene su propia moneda, el marco convertible, pero en todos las tiendas y bares aceptan el euro o el kuna croata como medio de pago.

Aun se ven en la parte alta de la ciudad edificios destruidos, pero el trabajo de reconstrucción de la ciudad está siendo espectacular, la ciudad hierve de turistas y su enclave junto al Neretva es un lugar idílico que hay que visitar. La guerra pasó y como alguien dejó inscrito en una piedra en la calle, “Don’t forget” (no olvides), no se debe olvidar lo que pasó para evitar que se repita.

No olvidar, como nosotros, ni nadie que haya pisado esta tierra, tampoco olvidaremos nunca este lugar.

Con tan buena impresión de la misma, dejamos esta ciudad y regresamos a Croacia. Antes de cruzar la frontera hacemos una breve parada en Pocitelj, una pequeña ciudad preciosa protegida por la UNESCO y declarada monumento nacional por Bosnia. Su arquitectura oriental consta de una mezquita del sigo XV y una Torre espectacular, y sus callejuela empedradas, entre otros.

A la entrada del pueblo hay un bar con una terraza cuyo techo está cubierto por una enredadera que era una planta del kiwi. Yo, al menos, nunca había visto la planta del kiwi, siempre pensé que sería un árbol, y mira por donde en Bosnia descubrí que estaba equivocado.

Tras esta breve parada, ya sin detenernos nos encaminamos hacia Split, adonde llegamos sobre las 17:00 h. Encontramos, lo que en principio parecía un buen sitio para aparcar junto a la muralla del Palacio de Diocleciano. Luego nos daríamos cuenta del error.

Nuestra intención antes de llegar al apartamento era visitar la Catedral de Santa Maria y San Duye (o San Domnio), que no pudimos ver el día anterior. La estructura principal de la iglesia es la tumba de Diocleciano, de estilo romano. Resulta paradójico que la tumba de un emperador que en su época persiguió despiadadamente a los cristianos, con el paso de los siglos se haya convertido en una catedral.

La catedral de Split viene de la herencia de la organización de la antigua ciudad romana de Salona. Esta última tuvo un gran papel en el desarrollo histórico de Split.                                                                        .
Los habitantes de Salona, dejando su ciudad destruida por la guerra, se instalaron en el palacio imperial, donde, desde el s. VII, organizaron una vida urbana y siguieron venerando los santos martirios de Salona, transfiriendo sus reliquias en la sede de su nueva ciudad. Uno de estos mártires, Duye, se convirtió en el santo patrón de la ciudad de Split, mientras el culto de la Virgen, venerada en Salona, perdura en Split donde la catedral, antiguo mausoleo de Diocleciano, le fue consagrada también, en el s. VII. El patrimonio religioso era en la Edad Media el principal factor de desarrollo de cada ciudad y de su autonomía. En referencia a la iglesia de Salona, la de Split fue enseguida un arzobispado, y su monumento una cátedra.

En su interior destaca el Púlpito del s. XIII y esculturas del s.XV. También es llamativa su planta circular, el campanario de estilo románico-gótico y sus monumentales puertas de madera con imágenes de la vida de Cristo, obra del maestro Buvina. Se puede subir a la torre campanario desde donde se aprecian hermosas vistas de la ciudad. También merece una visita el museo catedralicio con piezas religiosas muy interesantes.

Cerca de la Catedral unos escalones de piedra conducen desde la plaza hasta una zona cubierta por una Cúpula. Aquí era donde los huéspedes esperaban audiencia con el emperador. Se pueden ver por la noche las estrellas a través del óculo de la cúpula.

VIDA DE DIOCLECIANO:  

Diocleciano nació en el año 245 d.C en Split (Dalmacia), de muy baja cuna. Creció en una familia modesta en la ciudad dálmata de Salona, hoy Split, antes de cmenzar un meteórico ascenso en los estamentos militares del Imperio Romano hasta llegar a su cima en el año 284, convirtiéndose en emperador. Mostró gran afición por los grandes proyectos de construcción; su mayor legado a Croacia es el esplendido palacio que construyó junto al Adriático en su ciudad natal a partir del año 295, tardando una decada en acabarse. Más tarde (s.VII) este palacio se convertiría en la ciudad de Split.

En el año 303 proscribe el cristianismo y ordena la destrucción de todas las iglesias y la persecución de los cristianos. La dimisión era una opción poco habitual en un Emperador romano – todos sus predecesores habían muerto en el cargo –, pero él dimitió en el año 305 y desde su grandiosa residencia junto al mar contempló como el Imperio Romano empezaba a desmoronarse, y fue aquí donde finalmente se quitó la vida envenenándose en el año 316.

Después de ver la cúpula nos dirigimos hasta el puerto de Split, donde dimos un paseo circundando por el exterior el Palacio de Diocleciano. Desde este sitio se puede comprobar como las murallas del palacio sirven de muros a viviendas posteriores, mostrando todo una perfecta integración de estilos.

Un mercadillo con souvenirs y objetos de artesanía se encuentra junto a estos muros. Y así llegamos al lugar donde aparcamos el coche, llevándonos una desagradable sorpresa. La grúa municipal se llevó el coche que habíamos aparcado en una zona para minusválidos. Afortunadamente vimos antes actuar la grúa en otra calle y ello nos hizo temer lo peor, algo que se confirmó más adelante. Y digo afortunadamente, porque aquí no avisan con una pegatina de la retirada del vehículo simplemente lo retiran sin más. De otro modo hubiéramos pensado que nuestro vehículo había sido robado.

Y, ¿qué hacer en estos casos?. Lo primero maldecir a la policía local por llevarse nuestro coche, lo segundo buscar un policía para preguntarle donde está el depósito municipal, y en caso de no hallar ninguno lo mejor es coger un taxi, explicarle lo sucedido y que nos llevé hasta el depósito. Es lo que hicimos, y no fue necesario dar muchas explicaciones. Se ve que es algo habitual en Split que la grúa actúe. La broma nos costó 40 € más los 10 € del taxi. Así que recomendación: “No aparcar nunca en un espacio reservado a minusválidos”. Es el gran problema de Croacia, como ocurre en todas partes. Es muy difícil encontrar aparcamientos en zonas turísticas. Además tienen un sistemas de parking en zona azul que funciona con mensajes sms, muy difícil de entender para un turista extranjero. Esta era la cuarta multa que recibíamos en nuestro viaje, las dos primeras en Zagreb, y la tercera en Vela Luka, todas por aparcamiento. Las otras no la pagamos amparados en nuestra condición de turistas con vehículo alquilado. De esta no nos pudimos escapar.

El pagó de esta multa condicionó nuestra cena. Decidimos comprar algo en un supermercado y cenar en el apartamento, que en esta ocasión no era el mismo que en el día anterior en Split. Era aun mejor. De dos habitaciones y con una terraza espectacular con vistas al puerto de Split. Así terminó nuestra última noche en Croacia. Al día siguiente iniciamos nuestra vuelta y la ultima etapa de nuestras vacaciones.

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