Día 12º: 15 de Agosto: LAGOS DE PLITVICE – ZADAR.

RUTA DEL DIA:

Plitvice – Zadar: 142 km –> Zadar – Nin: 19 km –> Nin – Zadar: 19 km TOTAL DE KMS: 180 Km

En este 12º día de viaje iniciamos la última etapa de nuestro viaje a Croacia, la visita a Dalmacia, la Costa Dálmata. Dalmacia se extiende por una estrecha franja de tierra que comprende la vertiente occidental de los Alpes Dináricos y la llanura litoral a lo que se suman un conjunto de islas alargadas y paralelas a la costa (archipiélago Dálmata), cuyo origen se debe al hundimiento de cadenas montañosas. La mayoría de la población (2.000.000 habitantes aproximadamente) se concentra en el litoral peninsular.

Esta región en la antigüedad estuvo poblada por colonias griegas. Posteriormente en el s. II a.C, fue una provincia romana. En el s. VII formó parte del Imperio Bizantino. En la edad media empezó a notarse la influencia veneciana y desde 1420 hasta 1797 pasó a estar sometida completamente a Venecia momento en que Napoleón Bonaparte la incluyó en el Reino Napoleónico de Italia. Tras la caída del Imperio Napoleónico pasó a pertenecer a Austria. El paso de todas estas culturas se deja notar clarísimamente en la arquitectura actual de la región. Después de la 2º Guerra Mundial pasó a formar parte de la antigua Yugoslavia hasta su desintegración pasando a formar parte de Croacia.

En la actualidad Dalmacia se divide en tres provincias: Norte, Central y Sur. Y precisamente, Zadar, es la capital de la Dalmacia del Norte. Después de dejar definitivamente los Lagos de Plitvice llegamos a Zadar a mediodía. Nos alojamos en una casa de huéspedes (Apartaments Denis, 30,00 € la noche) en la cercana localidad costera de Bibinje, a 6 km. de Zadar. Un lugar al que de ningún modo hubiéramos llegado de no ser por nuestro navegador, pues Bibinje más bien parecía una urbanización de parcelas rurales con calles estrechas y sinuosas, malamente asfaltadas, donde se mezclan parcelas agrícolas con chalecitos y casas unifamiliares, que se construyeron anárquicamente en torno a una pequeña bahía o cala que forma la playa de Bibinje.

Pero el objetivo de nuestra estancia allí, no era Bibinje sino Zadar. Así que una vez dejado el equipaje en nuestra sencilla pero confortable habitación, nos dirigimos hacia la que es la capital del Norte de Dalmacia.

Zadar es una ciudad de unos 80.000 habitantes. Su nombre proviene del latín Zara, que significa Ladera. Dos cosas son las que llaman poderosamente la atención en cuanto se entra en esta ciudad: La primera la similitud con el estilo arquitectónico de Venecia, debido a su pasado veneciano. La segunda es el color ocre brillante de las piedras de sus casas y calles, producto de las canteras de la imponente cordillera del macizo Velebit, que domina de norte a sur el paisaje interior de toda la región de Dalmacia. Estas dos características se  repiten reiteradamente por toda Dalmacia.

Por todo ello hoy es una excepcional mezcla de arquitectura antigua y nueva, junto con diversas culturas. También es ferozmente nacionalista, con un profundo orgullo por el patrimonio romano reflejado en su basílica, templo, anfiteatro y acueducto, todos muy bien conservados, a pesar del duro asedio al que fue sometida la ciudad en agosto de 1991 y que se prolongó durante tres meses, hasta que las Naciones Unidas consiguieron el alto el fuego.

El centro de la ciudad puede ser fácilmente recorrido a pie. Galerías de arte, museos y restaurantes que sirven delicias tradicionales, así como cocina gourmet, se mezclan con tiendas grandes y pequeñas que ofrecen cerámicas, textiles y pinturas de artesanos locales. Todo tiene lugar en el cruce de las calles ubicadas en una lengua de tierra de unos 600 metros de largo por 300 metros de ancho, rodeadas de fortificaciones venecianas. Cuenta Zadar con dos catedrales, una catolica y otra ortodoxa y los restos de un foro romano, todo ello en un compacto casco antiguo peatonal lleno de cafés, bares y buenos restaurantes.

El acceso principal al casco antiguo se realiza por la Puerta de Tierra, del s.XVI, coronada por un león veneciano, que nos recuerda la relación de Zadar con Venecia. Junto a esta puerta se encuentra la Plaza de las Cinco Fuentes, lugar donde en el s.XIX los habitantes de Zadar se abastecían de agua mediante estas cinco pozos idénticos. En la misma plaza se encuentra la Casa del Capitán, dominada por su torre, y que actualmente alberga exposiciones.

Desde aquí la calle Siroka, nos lleva hasta la Plaza Narodni, antiguo corazón del Zadar veneciano, donde se encuentra el ayuntamiento de estilo veneciano con una logia y un cuartel del s.XVI. En este paseo podemos admirar los elegantes edificios de estilo veneciano que le dan el carácter a esta ciudad.

Llegados a este punto de nuestro recorrido, era la hora de comer, así que elegimos un bonito restaurante de la calle Siroka, para almorzar. Y después del almuerzo, dado que en la ciudad en ese momento el calor era importante, decidimos ir a reposar la comida a un playa cercana, donde se encuentra otro punto de gran interés para visitar: Nin.

Nin, Aenona durante la época romana, es una pequeña localidad que tuvo una gran importancia religiosa e histórica. Su ubicación es fascinante, el corazón de Nin es su centro histórico en una isla a sólo 500 metros de diámetro. Nin está situado en una laguna en la orilla oriental del mar Adriático, rodeado de playas naturales de arena, y unida con el continente por dos puentes de piedra del siglo XVI. En el siglo IX se convirtió en sede principal del obispado de Croacia y sede de los príncipes de Dalmacia, como el príncipe Branimir, cuya estatua domina uno de los puentes de acceso a la isla de Nin. El Obispo Gregory de Nin (Grgur Ninski) fue una figura importante en el s.X para la política de la Iglesia de Dalmacia. Desde aquí promulgó la defensa de la lengua nacional, Glagolitsa, lo que en el fondo fue una lucha por la independencia de Croacia.

Cabe destacar dentro de la localidad la minúscula Iglesia de la Santa Cruz, que pasa por ser espiritual y simbólicamente una de las más importantes de Croacia. Data del s.IX cuando reinaban los primeros reyes croatas y Nin era el centro de la vida religiosa del país. Sus perfectas proporciones y el peculiar diseño circular compensan sus reducidas dimensiones.

Nin se encuentra además rodeada de playas de arena, algo que no es nada habitual en Croacia. Es una zona poco desarrollada turísticamente, y cuando sopla el viento fuerte desde el macizo Velebit, es mejor dejarla para los surfistas. Nosotros tuvimos suerte y no había viento. La verdad es que la impresión que nos quedó de aquella playa, de indudable belleza, es que estábamos en una playa española de los años sesenta. Un ambiente familiar y bastante caduco o por decirlo de otro modo ñoño, invade el ambiente, poco glamour.

En cualquier caso, fue un lugar ideal para reposar la comida, descansar un poco y tomar un baño reparador. Todo ello nos sirvió para con fuerzas renovadas regresar a Zadar para visitar sus interesantísimas iglesias.

De todas ellas la más destacada es la Iglesia de San Donato del s.IX. Ubicada sobre los restos del Foro Romano, es el mayor templo bizantino de Croacia, y se ha erigido en el auténtico símbolo de la ciudad de Zadar. Tanto en su interior como en su exterior se pueden ver inscripciones en latín, ya que las piedras que se emplearon para su construcción procedían del Foro. Asimismo, su planta circular crea unas perfectas condiciones acústicas, ideales para la celebración de conciertos en su interior.

Al norte de la iglesia de San Donato se encuentra la Catedral de Santa Anastasia, de estilo románico. Fundada en el s. IX, el actual edificio se construyó entre los siglos XII y XIII, y el campanario no se terminó hasta el año 1893. En su interior se guarda el sarcófago de Santa Anastasia. Asimismo, una placa recuerda la visita del Papa Alejandro III a la catedral en 1177.

Otras iglesias a resaltar son: la Iglesia de San Simeon, reconstruida en el s.XVII y que guarda en un relicario de plata del s.XIV los restos del santo que le da nombre a la misma. La iglesia de Santa María con una fachada del s.XVI, conserva restos del s. XI, como su campanario.

También merece la pena visitar la modesta iglesia ortodoxa de San Elijah, del s. XVIII que conserva magníficos iconos de los siglos XVI al XIX en su interior.

Después de visitar estas iglesias, es el momento de regresar a nuestro alojamiento para descansar un poco, para después volver a la ciudad para visitarla de noche. Porque Zadar tiene un enorme atractivo en verano por la noche. Numerosos espectáculos al aire libre, el agradable paseo por el Nuevo Paseo Marítimo, sus bares y terrazas, y la espectacular iluminación de sus edificios representativos bien merecen una visita nocturna.

Zadar es una ciudad de ambientes pintorescos; su paseo marítimo ofrece al visitante una impresión inolvidable de las islas y sus puestas de sol acompañadas del sonido del “Órgano de Mar”, toda una experiencia; el arquitecto Nikola Basic creó este órgano marino, una obra arquitectónico-musical singular que produce un concierto continuo dirigido por el viento, el oleaje y las mareas.

Y después de la cena y este agradable paseo, desandamos el camino hecho, volvemos a recorrer las empedradas calles de Zadar, ahora solitarias, en cuyas relucientes lozas de piedra se refleja la luz de los edificios de una ciudad cargada de historia, que ha sabido rehacerse y volver a resplandecer después de las duras vicisitudes por las que ha tenido que pasar, manteniendo pese a todo ese irresistible encanto de ciudad hecha a la medida del hombre desde la antigüedad y que no deja indiferente a nadie que la visita.

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