Dia 5º: 19 Julio. Brasov – Rasnov – Bran – Sighisoara

Ruta del día:

Brasov – Rasnov: 17 km.

Rasnov – Bran: 13 km.

Bran – Sighisoara: 142 km.

TOTAL: 172 KM. 

En nuestro quinto día de viaje vamos a comenzar nuestra ruta por los caminos del Conde Drácula. Para ello, alquilamos previamente un coche que recogeríamos en la oficina de Sixt, en Brasov. Esta oficina se encuentra a las afueras de Brasov (C/ Caramidariei 1 A) junto a un centro comercial, y para llegar a ella decidimos tomar un autobús de línea.

En este punto nos sucedió algo que suele ser bastante habitual en estos países del Este de Europa. Preguntamos en la taquilla de la parada de autobuses que línea nos llevaba para allá, mostrándole la dirección que teníamos, y nos indicaron un número. Como no lo teníamos muy claro, para confirmar, volvimos a preguntar al conductor del autobús, que de forma lacónica nos asintió con la cabeza, así que subimos.

Pues bien, el autobús inicia su ruta, deteniéndose en las correspondientes paradas, hasta llegar a un punto en el que para más tiempo del normal, (parada de regulación, suponemos). Nos quedamos solos dentro del vehículo. Y al cabo de unos minutos reinicia su marcha, con la sorpresa para nosotros de que volvemos al lugar de salida.

Nos dio la vuelta completa. Y es que en estos países todavía hay gente que tiene una mentalidad bastante cerrada (¿herencia del comunismo?), sobre todo las personas mayores, como era el caso. No hablan idiomas y tienden a guardar cierta distancia con el extranjero. Seguramente que no entendió nada de lo que le decíamos y no hizo ningún intento por entendernos. Se limitó a cumplir con su trabajo de hacer la ruta y pasar de nosotros.

Es recomendable eludir preguntar a personas mayores, porque no nos van a entender y, no solo eso, sino que casi huirán de nosotros. Mejor preguntar a gente joven, que siempre estará más dispuesta a ayudar. 7.

Así que después de ello, decidimos tomar un taxi, que son muy baratos en Rumania, para que nos llevara a la oficina del Rent-a-car. Con lo que llegamos rápidamente y recogimos nuestro coche sin problemas. El coste de un coche pequeño para cuatro días es de 208,00 €.

El primer destino de nuestra ruta fue la Ciudadela de Rasnov. Se encuentra a 13 km al sudoeste de Brasov, en medio de un espectacular entorno de bosques y montañas. La fortaleza de Rasnov (Rosenau en alemán), está situada en una cumbre rocosa en las montañas Cárpatos, a unos 200m sobre la ciudad de Rasnov en Rumania (Transilvania). La fortaleza de Rasnov está situada en un paso (una ruta comercial) que conecta Valaquia con Transilvania. La visión desde la tope de la colina de la fortaleza es espectacular. 

Los primeros colonos sajones llegaron a Transilvania en el siglo XI, y la ciudad sajona de Rasnov fue fundada en 1225. Después de la primera invasión de los tártaros en 1241, una serie de fortalezas fue construida por los caballeros teutónicos para defender a la gente. La fortaleza de Rasnov es una de estas fortalezas campesinas y fue concebida para ser un lugar de refugio para los campesinos durante un periodo de tiempo largo. Por eso la fortaleza tenía por lo menos 30 casas, una escuela, una capilla, y otros edificios se asociaban más comúnmente a una aldea tradicional. 

Dentro hay un pozo fue construido en el año 1623 con una profundidad de 146 mts. a través de roca solida para poder abastecer a la ciudad en los periodos de asedio. Este pozo que tardó 17 años en terminarse y según se cuenta fue realizado por dos prisioneros turcos a los que se les prometió la libertad cuando el pozo estuviera terminado. El pozo estuvo en uso hasta 1850 en que la rueda se rompió. 

El castillo tiene una sección superior y una más baja, con las paredes de perímetro poligonal alcanzando una altura media de los 5 m. Las defensas incluyen 9 torres, 2 bastiones, y un puente levadizo. La fortaleza fue usada como defensa hasta la Revolución de 1848, abandonándose después de ella. Actualmente en la fortaleza de Rasnov se está emprendiendo una amplia obra de reconstrucción, lo que en ningún modo menoscaba la belleza del lugar., ni el interés de su visita. 

El acceso a la ciudadela es peatonal. Hay que dejar los coches aparcados en una explanada al pie de la colina, en un área donde existen merenderos y tiendas de souvenirs. Después se sube por un camino, no demasiado largo, pero con una apreciable pendiente, que nos lleva hasta la fortaleza. 

Después de almorzar en uno de los puestos de comida junto al parking de la fortaleza, nos dirigimos hacia el que sin duda es uno de los lugares más visitados de Rumania, el Castillo de Bran. El castillo de Bran, es una fortaleza medieval, de origen húngaro, localizada en la actual Rumania, que goza de gran atractivo turístico por su relación con la novela de Bram Stoker “Drácula”. Situado cerca de Braşov, a 30 km, en Transilvania, es un monumento nacional y uno de los puntos clave del turismo rumano, si bien su valor estriba en su antigüedad y arquitectura y no en su vínculo con el personaje del conde Drácula, que es ficticio. Por otra parte, se sostiene que Vlad III. Vlad Tepes o Drăculea, el personaje histórico real en el que se inspiró Stoker, jamás estuvo en este castillo. 

Este castillo es famoso por la creencia de que había sido el hogar del Vlad Tepes (Vlad el Empalador) en el siglo XV. Sin embargo, no hay evidencias de que el Vlad viviera allí en persona y, según la mayoría de versiones, el Empalador pasó sólo dos días en el castillo, encerrado en una mazmorra, cuando la región estaba ocupada por el Imperio otomano. Luego de terminada la Primera Guerra Mundial, en 1920, se firmó el Tratado de Trianon, donde la región de Transilvania fue cedida al Reino de Rumania, y con esto, el castillo de Bram pasó a pertenecer a la administración rumana.

  El castillo, que fue posesión de la Princesa Ileana de Rumania, la cual lo heredó de su madre, la reina María, fue incautado por el Gobierno comunista de Rumania en 1948. Durante muchos años fue cuidado irregularmente, pero tras la restauración de los 80 y la Revolución rumana de 1989, pasó a ser un destino turístico. 

Su altísima torre almenada apenas presenta ventanas y arranca del mismo borde de la peña, de forma que todo intento de ataque estaba condenado al fracaso. La vocación defensiva se repite en el agradable patio interior, cuya fuente esconde un laberinto de pasajes subterráneos. 

Entre 1920 y 1930, el castillo alberga la residencia real que hizo modificaciones y nuevas adaptaciones con un buen gusto. Para compensarla, los lujosos salones, decorados con muebles importados de Europa occidental por la reina María, se comunican por estrechas escaleras de caracol, como las que uno imagina que debe tener un castillo de época.

En el parque situado delante del castillo hay un museo del pueblo de la región de Bran que presenta viviendas campesinas y los anexos para los oficios tradicionales. 

 En resumen, un castillo que se ha hecho legendario al asociarse a la leyenda del Conde Drácula, aunque realmente nada tiene que ver ni con la leyenda ni con el personaje en el que el autor de la mítica novela se inspiró. A pesar de ello, debe ser una visita ineludible para todo viajero por Rumania, por su belleza e incomparable enclave.

Después de visitar este castillo nos dirigimos hacia Sighisoara, que está a unos 142 km. de Bran. Una de las más bellas ciudades del país. Aquí sí que está presente la sombra de Vlad Tepes, auténtica alma de la ciudad. Su imagen aparece en cada esquina. Es el mayor reclamo turístico de la región. Sus metodos de tortura y muerte (sobretodo el empalamiento) y toda la sangre que derramó ha hecho famosa a toda la región de Transilvania. 

Y en este punto, es hora de contar algo sobre la verdadera historia de Vlad Tepes, el “Empalador”. Vlad III, el Empalador (en rumano, Vlad Ţepeş) (Sighişoara, noviembre de 1431 – Bucarest, diciembre de 1476) fue un Príncipe de Valaquia (hoy el sur de Rumania), hijo de Vlad II príncipe de Valaquia. Éste había pertenecido a la Orden del Dragón, y, por tanto se le conocía como Vlad II Dracul. De esta forma, su hijo Vlad Tepes fue conocido como Vlad Draculea, de donde viene el nombre del protagonista del libro que todos conocemos. Aún así, el nombre lleva a confusión, ya que en la tradición centroeuropea no existían los dragones. Dracul, significaba Diablo y Draculea, hijo del Diablo. Esto sumado a sus sanguinarias costumbres hicieron el resto.

Resulta que durante sus breves reinados en el siglo XV (todos juntos no suman más de siete años), nuestro amigo Vlad, ejecutó a más de 100 000 personas, la mayoría de ellas por empalamiento. Esta técnica de tortura y ejecución consiste en introducir un palo sin punta, (ya esto aseguraba un mayor sufrimiento en la víctima), por el ano o la vagina hasta la boca o el hombro, fijarlo a la carne con un clavo y después levantarlo para que la víctima muera allí lentamente, entre dolores atroces. También cuentan que bebía la sangre de sus enemigos y de ahí voló parte de su leyenda.

Sin embargo, realmente Vlad fue un gran luchador en contra del expansionismo otomano que amenazaba a su país y al resto de Europa, y también era famoso por su manera de castigar a los enemigos y traidores. Vlad era ortodoxo, aunque con posterioridad se convirtió al catolicismo. Gobernante de carácter volcánico e impredecible, fue el más duro de todos los gobernantes de Europa Oriental en el Siglo XV. Para algunos fue un heroico defensor de los intereses e independencia de su país, y un dueño justiciero.

De Vladislaus III, voivoda de Valaquia, se cuentan numerosas historias y leyendas. Fue rehén de los invasores otomanos hasta los diecisiete años de edad, cuando logró tomar el trono de Valaquia, del cual fue depuesto poco tiempo después. Sin embargo, en 1456, tras la Batalla de Belgrado, Vlad ascendió de nuevo al trono, tras matar a su contrincante Vladislav II, y ya no lo abandonó hasta 1462.

Después vivió en el exilio hasta 1474, momento en que se lanzó de nuevo a la batalla para recuperar el cargo, lo que conseguiría en 1476. Sin embargo, en diciembre de este año caería luchando contra los turcos, rodeado de su leal Guardia Moldava. Su muerte, por tanto, está confirmada a manos de los turcos, quienes dicen que le decapitaron y clavaron su cabeza en una estaca, y la expusieron públicamente durante días en el centro de Estambul.

Su tumba, se ubica en un monasterio del lago Snogov (cerca de Bucarest, capital de Rumanía), aunque no ha podido ser confirmado. Una excavación se realizó en 1931 encontró según se informa un sepulcro vacío, mientras que otros dicen de la exhumación de un cuerpo descabezado ricamente vestido, sugiriendo que se trataba del mismo Vlad Tepes.

Sabemos algunas cosas sobre su físico que nos hacen imaginarlo tal y como fue: “No era muy alto, pero sí corpulento y musculoso. Su apariencia era fría e inspiraba cierto espanto. Tenía la nariz aguileña, fosas nasales dilatadas, un rostro rojizo y delgado y unas pestañas muy largas que daban sombra a unos grandes ojos grises y bien abiertos; las cejas negras y tupidas le daban aspecto amenazador. Llevaba bigote, y sus pómulos sobresalientes hacían que su rostro pareciera aún más enérgico. Una cerviz de toro le ceñía la cabeza, de la que colgaba sobre unas anchas espaldas una ensortijada melena negra.” (según un delegado del Papa en la corte húngara). 

 Una vez contada brevemente la historia de este simpático señor, decir que llegamos a su ciudad natal, Sighisoara, por la tarde y nos alojamos en un pintoresco albergue en el centro de la ciudad, el Burg Hostel, donde permaneceríamos tres días, al módico precio de 14,40 € por noche en habitación doble. 

Después de un “sobrecogedor” paseo nocturno por la ciudad de Sighisoara, nos retiramos al hotel para descansar, dejando para el día siguiente una visita más extensa de esta, por otro lado, preciosa ciudad medieval que está declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. 

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